Asimetría e incondicionalidad, requisitos para el apego seguro

Hay dos conceptos relacionados con el apego seguro que a veces creo que malinterpretamos desde la crianza respetuosa. Hace tiempo que tengo esa sensación porque yo misma he pasado por ahí en alguna etapa de mi maternidad pero, últimamente en los talleres que imparto con familias, lo veo aún más claro. Me gustaría hablaros de esto hoy y por supuesto recibir feedback para saber cómo lo veis, qué opinan otras familias que también crían desde el respeto.

Asimetría e incondicionalidad son, entre otras, condiciones necesarias para que puedan darse unas relaciones de apego seguro. Veamos en qué consiste y por qué a veces, de manera sutil pensando que estamos tratando de manera respetuosa, podemos estar consiguiendo justamente lo contrario.

Frecuentemente se asocia apego seguro con lactancia materna, porteo y colecho y es verdad que, en muchas ocasiones, va asociado aunque no necesariamente por estas prácticas, sino porque las familias que las practican suelen cuidar también otros aspectos. Si no se cuidan aspectos fundamentales como la asimetría y la incondicionalidad, no podemos dar garantías de que las relaciones estén basadas en el apego seguro. Por este motivo, familias que no han empleado colecho ni porteo ni lactancia materna pueden generar vínculos seguros por su forma de comunicarse y relacionarse con sus hijos e hijas al margen de este tipo de prácticas.

Veamos de qué manera influyen estos dos condicionantes en las relaciones que establecemos con las y los más pequeños.

Asimetría en la relación niño/a-persona adulta

La asimetría se refiere a que ambas personas en la diada de la relación de apego no están en la misma posición. La persona adulta debe estar en una posición de superioridad que no de abuso de poder, en el sentido de que es la persona adulta la que se supone va a resolver situaciones difíciles, quien va a proteger si es necesario, quien sabe, en definitiva, lo que hay que hacer en cada momento. Así debe sentirlo el niño o la niña en los primeros años. Esto les genera seguridad, por eso hablamos de apego seguro. Si sienten que la persona que los cuida va a saber protegerlos, cuidarlos, en definitiva, que tiene la solución a todos los problemas por muy difíciles que esto sean, entonces se sienten protegidos. Si el referente o la persona adulta, se muestra demasiado insegura, o deja todo demasiado abierto a la decisión del niño o niña puede dar la sensación de que no tiene ni idea de qué hay que hacer, entonces sentirán inseguridad, la misma que les está transmitiendo la persona adulta con sus dudas o con el hecho de pedir siempre consejo a las y los más pequeños. Si hacemos esto último, estamos atentando contra el principio de supervivencia que implica mecanismos que los bebés recién nacidos traen de serie por una cuestión de desarrollo de la especie.

Los niños y las niñas no pueden sentir que las decisiones importantes dependen de opciones que ellos y ellas no están preparados aún para elegir. Vaya por delante que yo soy partidaria de darles la opción de tomar decisiones desde bien pequeños para que vayan entrenándose en este arte, en cualquier caso, deben ser decisiones sencillas del tipo: ¿prefieres coliflor o judías? ¿Prefieres la camiseta roja o la azul? A medida que vayan creciendo se podrán ir ampliando las posibilidades y ellos y ellas irán tomando decisiones más difíciles. En cualquier caso, si observáis los ejemplos, son decisiones calibradas por la persona adulta, no son opciones abiertas con múltiples opciones donde pueden perderse o no saber qué responder. Vuelvo a recordar que hablo de los primeros años de la vida.

Cuando una persona de referencia o de apego para un niño o niña, continuamente le pregunta qué cree qué hay que hacer en las situaciones difíciles o muestra abiertamente que no está segura de cuál es la mejor opción, cuando se muestra insegura antes los inconvenientes que van surgiendo o pierde los papeles en situaciones estresantes, dejando incluso en manos del niño o la niña la responsabilidad: “pues haz lo que te de la gana, yo ya no sé qué hacer”, estamos rompiendo con una condición básica del apego seguro, la asimetría.

Incondicionalidad y apego seguro

Otra de las características que son condición indispensable para que las relaciones de apego sean seguras es que el niño o la niña sienta que sus personas de referencia le serán incondicionales, es decir, que pase lo que pase, estarán ahí apoyándole y ayudándole a resolver sus necesidades. Esto también es importante porque garantiza la supervivencia, recordad que niños y niñas saben (aunque sea de manera inconsciente) que no van a poder salir adelante por sí mismos y tener la certeza de que siempre habrá alguien ahí para ayudarles, les permite desarrollarse con la tranquilidad de tener que preocuparse solo de investigar, explorar, aprender y en definitiva, ir creciendo, mientras otros se encargan de su seguridad y supervivencia. Esto marca muchas diferencias entre las vivencias de unos y de otras.

Comprenderéis que el desarrollo de un  niño o una niña que tiene cubiertos estos aspectos básicos es mucho más integral, no tiene que dedicar recursos a defenderse, a protegerse y eso le permite centrar todas sus capacidades en su propio desarrollo que es lo que debe hacer una persona en su infancia.

Pero esto también es muy sutil y aunque a veces sentimos que estamos siendo incondicionales, el mensaje que estamos transmitiendo directa o indirectamente es que en un futuro inmediato no lo seremos.

Cuando adelantamos los acontecimientos antes de nuestra incorporación al trabajo, restamos de su tranquilidad tiempos previos que podrían ser disfrutados de manera intensa y se convierten en períodos donde se le está transmitiendo al niño o niña que ya no estaremos, que nos vamos a ausentar durante algunas horas… El niño o la niña no tiene capacidad para comprender qué es lo que ocurre, que nuestra ausencia será temporal, que estamos nerviosos y nerviosas porque vamos a tener que dejarles por períodos de tiempo y esto nos incomoda. No entienden qué les estamos comunicando y les transmitimos nuestro estrés, nuestros miedos e inseguridades. Con todo ello, cuando finalmente nos vamos, no están más preparados que si hubiésemos disfrutado al máximo los últimos días con ellos. La realidad es que tienen que acostumbrarse de cero a la nueva situación y vivir en propias carnes la angustia de separación hasta que tengan capacidad de comprender que mamá y papá se van pero luego siempre vuelven, recuperando con ello la sensación de incondicionalidad perdida en esa primera etapa.

Pensamos que si siempre que nuestro bebé reclama nuestra atención acudimos y lo tomamos en brazos, estamos generando un apego seguro, pero no siempre es así. Os describo una situación. Una familia que acude siempre a la llamada y toma en brazos a su bebé, le habla dulcemente y se queda con él o ella hasta que se duermen, Por otro lado, otra familia que acude pero no toma en brazos, acaricia al bebé a su lado, mostrándole que está allí hasta que este se tranquiliza y se duerme de nuevo, si es que estaba durmiendo. La primera familia, parece que practica un apego más seguro porque toma en brazos, pero resulta que, en mi ejemplo, la mamá, cuando acude y lo coge, le suele decir con voz dulce: “cariño, mamá no puede venir todo el rato a cogerte o mamá no va a estar siempre ahí cuando la necesites tienes que aprender a dormir solita”. Esta mamá está rompiendo esta condición necesaria para el apego seguro con su comentario, “ahora estoy pero no siempre estaré”. Mientras que la mamá que no siempre coge a su bebé, pero acude y no dice nada, simplemente toca a su bebé, le está transmitiendo su incondicionalidad, el bebé necesita que estén allí y están, no es necesario nada más. Por supuesto, en aquellos casos en que el bebé llora y nadie acude, está quedando claro que no existe esa incondicionalidad, el bebé necesita que vayan y no van, está claro, la lectura sería algo así: “no siempre que necesito consuelo va a haber alguien ahí para dármelo” y esto podría generar relaciones de apego inseguro. Digo “podría” porque influyen multitud de factores, no es sencillo determinar qué va a pasar en función de nuestra conducta.  Aquí se trata de poner lo mejor que tengamos en la relación y confiar.

Criar de manera respetuosa es una cuestión de muchos matices.

Como veis, todo es muy relativo, hay muchos matices que debemos tener en cuenta en la crianza y la educación de las y los más pequeños. Para resumir, os diré que es importante que nuestros hijos e hijas perciban que somos personas adultas que sabemos qué hay que hacer en cada momento. En la infancia es así, luego se convertirán en adolescentes más críticos, más capaces y más autónomos que descubrirán con estupor que no somos tan listos o listas ni tan capaces ni sabemos tanto. Pero en los primeros años, no suelen cuestionarnos, incluso aunque hagamos cosas terribles, por eso hay que ser tremendamente respetuosos.

Sin olvidar que además, nos encontramos con que cada niño y cada niña tienen unas necesidades diferentes acerca del nivel de atención o de afecto necesario para acompañarlos de manera adecuada y esto también va a influir en el hecho de que perciban sus relaciones con otras personas dentro de las consideradas de apego seguro.

¿Consideras que tus relaciones están realmente basadas en el apego seguro? ¿Te habías planteado todo esto antes? ¿Te parece exagerado? Me encantará saber cuál es tu opinión al respecto, te espero en los comentarios. Y por supuesto, si te gustó y crees que puede servirles a otras familias, no dudes en compartirlo. Muchas gracias.

 

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