Los «malos estudiantes» de ayer, deberían ser las y los profesores de hoy

los buenos estudiantesHace unos días escuché una conversación en la sala de profesores del instituto donde trabajo que me dio algunas claves. Una profesora de matemáticas le enseñaba a la tutora de un grupo de E.S.O. los exámenes que les había hecho para que les diera las notas porque ella no iba a poder hacerlo. Me llamó la atención que la profesora de matemáticas le enseñaba algún examen y con voz sorprendida le decía, “mira, es que no sabe despejar la x”, lo repetía una y otra vez enseñándole ejercicios diversos del examen, “mira lo ves, no sabe despejarla”. Había más de un estudiante en la misma situación.
Yo no podía evitar pensar: «si no sabe despejar la x será porque nadie le ha enseñado, ¿no? Y tú eres su profesora de matemáticas». Estas profesoras tienen unos catorce alumnos por clase que no es para nada habitual, es un instituto donde la E.S.O está destinada a desaparecer, todo apunta a que quedará como centro específico de Formación Profesional aunque por el momento compartimos espacios. Me sorprendía cómo en estas condiciones estaba tan sorprendida de que no supiera despejar la x, ¿no debería haber comprobado antes que todo su alumnado estaba entendiendo y aprendiendo lo que ella enseñaba? Hay veces en que me siento una profesora tan rara… Me paso la vida buscando la manera de que mis alumnas entiendan lo que quiero explicarles, busco ejemplos, repito las cosas mil veces, les pregunto cuando ponen caras raras, insisto una y otra vez, “¿estáis entendiendo lo que quiero decir? ¿Se entiende? ¿Alguien no entiende lo que estoy explicando?”. Yo tengo treinta y una alumnas y os aseguro que más o menos puedo hacerme una idea de cuántas de mis alumnas de primero saben redactar un objetivo didáctico que es lo que les doy este curso, no creo que me llevara una sorpresa si hiciera un examen sobre esto. Como ya sé lo qué pasa en mi clase, no hago un examen sobre esto, simplemente les pido que planteen objetivos y voy viendo si mejoran las cosas. Cuando compruebe que todas los redactan con soltura ya no tendrá ningún sentido el examen porque ya estará evaluado en clase. Es verdad que hago exámenes en la mayoría de módulos (asignaturas) que imparto, normalmente de aquello que explico en clase y no practicamos, es una enseñanza superior y trabajo con información que no siempre es aplicable en el aula, en mis exámenes hay un porcentaje mínimo de suspensos, muchas veces ninguno y me siento orgullosa de ello, porque me consta que aprenden mucho en mi aula, esto lo sé al margen del examen, por eso también valen una parte mínima de la nota final, tres o cuatro puntos sobre diez, cinco como máximo.
Vuelvo a las profes de la E.S.O. La conversación derivó por otros derroteros, la tutora era profesora de química, planteaba, “es que a estos alumnos hay que dárselo todo hecho, yo siempre les digo: a mí no me daban todos estos trucos que yo os doy y tenía que buscarme la vida”. Al parecer, estaban las dos de acuerdo, aprendieron muchas cosas después de hacer muchos ejercicios, de practicar una y otra vez, parece ser que en algún momento se iluminaban y entendían el porqué de lo que hacían y ahí todo quedaba claro y se hacía más fácil. Yo podía entender esa situación que describían, perfectamente, recuerdo que me pasó con la lógica de tercero de B.U.P. No entendía nada, me fui a pasar el fin de semana a la casa de la pradera donde vivía mi amiga Johana, allí en plena montaña con todo nevado y viendo caballos salvajes por las ventanas de la buhardilla, así aprende cualquiera, ¿no? Os invito a visitar la Montaña Palentina, esa gran desconocida. En aquellas condiciones idílicas, me puse a hacer ejercicios de lógica con la ayuda de mi amiga a la que se le daban mejor que a mí y sentí esa “iluminación” que decían mis colegas. De repente me pareció facilísimo y ya no se me resistieron nunca más. Supongo que cuando tienes estas «iluminaciones», eres capaz de hacerlo, entenderlo y además explicarle a otra persona de tal manera que pueda hacerlo (entenderlo, ya depende de ella) con más o menos soltura. Supongo que si llegas a ese nivel de profundidad del conocimiento hasta te plantees ser profesor o profesora, aunque no todos los que llegan a serlo han alcanzado estas profundidades, de todo hay.
Ese día comprendí que algunos y algunas de los que nos “iluminamos” terminamos siendo profes, es así como nos llaman las y los alumnos en Madrid. De esta manera, muchas y muchos de los que nos dedicamos a esto, comprendimos la estrategia cognitiva de los que lo tenían fácil, de los que se iluminaban también, pero, ¿cómo entender al que adquiere los aprendizajes sin iluminarse, alguien a quién le resulta complicado y tedioso tener que concentrarse mucho rato para hacer ejercicios similares una y otra vez o el que tiene unas inquietudes más artísticas o que prefiere dedicar ese nivel de atención a otras cosas totalmente diferentes? En eso consisten las inteligencias múltiples, sería bueno que en lugar de hablar todo el tiempo de ellas en educación nos dedicásemos a comprenderlas y poner en marcha estrategias que las respeten, sería un detalle.
Con el título de este post, me refiero al buen y mal estudiante que determina nuestro Sistema Educativo tradicional, este que nos mantiene sentados siete horas diarias mirando a una pizarra mientras el dueño del conocimiento, ese que todo lo sabe, el profesor, nos muestra su sabiduría y nos obliga a intentar comprender cómo quiere que le hagamos el examen que culminará con una calificación que determinará quiénes somos y dónde iremos.
Sabéis que suelo cuidar mucho el tema del género en mis textos, a pesar de que con ello cometo errores gramaticales, tengo la esperanza de que la RAE incluya cambios en relación con el género de la misma manera que incluye términos como guay, jipismo y otros del estilo de los últimos tiempos. En esta ocasión, he querido poner “el profesor” sin más, la mayoría de mis compañeras son siempre profesoras, aún así, siempre se habla de la figura del profesor, la mesa del profesor, la autoridad del profesor… Encaja más el término masculino para describir este sistema antiguo y trasnochado que tenemos, con todos mis respetos por el término y los profesores, por eso lo expresé así. Para desgracia de algunos y algunas seguiré usando el femenino y el masculino de manera justa a la realidad que describa.
Escuchando a estas profesoras de Secundaria comprendí una de las claves importantes del fracaso escolar. Los que damos clase, esto se cumple especialmente en Secundaria que es donde fracasa estrepitosamente el alumnado aunque vengan echados a perder ya de la Primaria hartos de deberes y de libros y de estar sentados en una silla, somos los que éramos buenos alumnos y buenas alumnas. Algún profesor o profesora habrá que repitió varios cursos en su época de estudiante, alguno hay siempre que tardó siglos en sacar la carrera, alguno incluso es de aquellos que se apuntó a la tuna y ya tenía más edad que sus profesores y profesoras cuando se graduó, pero, ¿qué porcentaje suponen? Quiero pensar en línea con lo que quiero transmitiros hoy, que estos últimos serán capaces de entender bien o mejor, al menos, a sus alumnos y alumnas menos aventajados. Aunque tampoco estoy segura de ello.
Por regla general, los profesores y profesoras son o somos los buenos estudiantes, los buenos estudiantesque nos iluminábamos de pronto, los que dedicábamos horas de nuestro tiempo libre a hacer cosas que tenían que ver con los libros, las cuentas, las ciencias, etc. ¿Estamos capacitados para comprender lo que le pasa a un alumno o a una alumna que no encaja perfectamente en este Sistema nuestro? ¿Somos capaces de plantear métodos que lleguen a los que tienen más dificultad para asimilar conocimientos nuevos de esta manera tan cuadriculada? ¿Tenemos capacidad para plantear métodos novedosos que hagan que esos alumnos y alumnas que se aburren soberanamente con la dinámica habitual de la clase despierten, se ilusionen, quieran conectar con aquello que estamos contando? ¿O seguimos contando lo que aprendimos de la misma forma terrible que nos lo enseñaron a nosotros y nosotras porque si lo entendimos damos por supuesto que el resto tienen que entenderlo?
Imagino el pensamiento inconsciente: “si yo he explicado a esos chicos y chicas cómo se despeja la x tal y como me lo contaron a mí y yo lo entendí, ¿cómo puede ser que este alumno mío no sepa despejar una x? ¡Pero si yo lo expliqué clarísimo…!
Por eso digo que deberían ser los “malos estudiantes”, las y los que fueran profesores y profesoras. Al fin y al cabo, los “buenos estudiantes” aprenden solos, son esos que aprendían igual con el peor profesor, que sacaban buena nota siempre aunque hubiera llegado un sustituto que no tuviera ni idea de explicar, aún así tenían la mejor nota porque estudiaban solos y llegaban a comprender todo sin ayuda de nadie. A base de hacer y hacer ejercicios llegaban a comprender los porqués de las cosas, tal y como describían estas profesoras.
Yo no sé si es que yo era más de notable que de sobresaliente, ya entonces estaba muy ocupada haciendo miles de cosas y no tenía tiempo para estar todo el día estudiando. Será por eso que todavía me preocupo de comprender qué le pasa a mis alumnas cuando tienen dificultades para comprender algún concepto. Aún así, si fuera una de esas personas que sufrió lo suyo en la época de estudiante plantearía las cosas de otra manera, ya digo que creo que los “malos estudiantes” de ayer deberían ser las y los profesores de hoy.
¿Qué te parece esta reflexión? ¿Cómo fue tu vivencia como estudiante? ¿Alguna vez te has sentido mal porque tu profesor o profesora explicaba como si aquello fuera facilísimo y estuviera clarísimo mientras tú no te enterabas de nada? Si este era el caso, quiero recordarte que la obligación del profesor o la profesora era lograr que lo entendieras, por tanto era un problema de su método no de tu capacidad.

Tanto si eres profesor o profesora como si fuiste estudiante, me encantaría saber qué opinas de todo esto, te invito a dejar tus comentarios.

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2 comentarios en “Los «malos estudiantes» de ayer, deberían ser las y los profesores de hoy

  1. Gracias por compartir tu experiencia, eres un ejemplo vivo de lo que cuento, ¡qué bueno que decidieras dedicarte a esto! Estoy contigo, no encajar en un sistema tan horroroso debería ser un síntoma de salud no un problema.

  2. Yo tuve un profesor que ya en primaria me tachó de mala estudiante….y que no serviría para hacer una carrera…por ejemplo…..hoy soy Pedagoga y ayudo a otros niñ@s a intentar superar los miles de obstáculos que se encuentran en el camino….Y desgraciadamente para ellos y ellas son más los obstáculos que las motivaciones para avanzar en este camino donde hay »demostrar» sólo lo que sabes y no lo que vales…

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