Madres y padres impresentables de los parques

educar en el respetoHoy quiero hablaros de unos seres con los que desgraciadamente os habréis encontrado en más de una ocasión, me refiero a las madres y los padres impresentables de los parques.

Los podréis reconocer porque llevan a sus hijos e hijas al parque y se ponen a cotillear con sus amigas o mirar el móvil y ya les da igual, si el niño monopoliza el tobogán, tira arena en los ojos  a otra niña o le quita el cubo y la pala a un bebé mientras el padre o la madre de este segundo intenta consolarlo mirando a todas partes esperando que el padre o madre del primero venga a poner remedio a aquello.

A veces ocurre que se juntan muchos padres y madres impresentables de los parques y entonces aquello se complica sobre manera. Primero porque los niños y las niñas en edad de ir a los parques suelen necesitar que se les eche un ojo de vez en cuando, no sólo al llegar, cuando sienten frío y empiezan a gritar: “fulanitooooo, ponte la chaqueta” y cuando se tienen que ir a casa: “menganitaaaaa, venga nos vamos”. Y segundo porque sus hijos o hijas que saben que sus progenitores no les prestan demasiada atención la buscan continuamente y cuando un pequeño gesto no es suficiente van por la artillería pesada.

Lo triste de todo esto es que afecta a los demás niños y niñas que están allí con padres y madres normales de los que se preocupan de que los suyos no hagan daño a otros, gestionen justamente los turnos en los columpios (entendiendo justamente como lo entienden los niños y las niñas que nada tiene que ver con como lo vemos las personas adultas, aquí hablé de este tema), compartan sus cosas si tienen el deseo de jugar con las de los demás niños y niñas para que no haya nadie que se quede sin ningún juguete (siempre que todos deseen tener alguno), etc.

Hoy he querido hablaros de estos seres impresentables porque el papá de Pequeñita últimamente tiene muy mala suerte y se topa cada tarde con alguno o alguna de ellas. Podríamos pensar, pues qué mala suerte, pero no creáis, están los parques llenos. Cuando hablo de padres o madres impresentables de los parques también me refiero a la madre queviene con un paquete de galletas en la mano y le ofrece una a su hijo de cuatro años y otra a su amiguito de la misma edad en los morros de una niña de 23 meses (Pequeñita) y cuando la niña mira a su padre y dice: “quiero una galleta” y lo repite dos o tres veces, dicha mamá que lo ha oído perfectamente, se hace la loca e ignora por completo a la niña como si no existiera. Luego nos sorprendemos cuando vemos situaciones terribles en el instituto entre los propios compañeros. Pienso que deberíamos promover que niños y niñas sean generosos (que no tontos), tengan compasión por sus compañeros y compañeras cuando pasan por situaciones difíciles, traten de facilitar la vida  a las otras personas porque sólo de esa manera la propia puede ser más fácil, etc. No sé, a mi me educaron así, debíamos ser todos rarísimos en casa. Es que no puedo comprender que tiene en la cabeza esa madre impresentable del parque, vale que no se le puede dar una galleta así a una niña porque puede ser alérgica, diabética, intolerante o cualquier otra cosa, pero preguntarle al padre: “¿le doy una?” ¿Es eso tan complicado? ¡Es una galleta! Cuantas veces hemos compartido la merienda de Pequeñita, a veces la cosa se complica y termina merendando poquísimo porque damos lo que tiene ella y luego a ella no le gusta lo que tienen los demás, ya he comentado alguna vez que come pocas cosas, pero, ¿qué más da? Ya cenará más, ella disfruta viendo a sus amigos comiendo lo mismo que ella o compartiendo un trocito de lo que tiene.

Al día siguiente, en otro parque, Pequeñita encontró un lugar donde había unos tubos que permitían mirar como con prismáticos, le hizo mucha gracia y se puso a mirar por allí todo emocionada. Unos niños que había por allí hijos de una madre impresentable del parque, más mayores que ella y a los que no se les había ocurrido usar aquello de aquella manera, vinieron enseguida porque también querían mirar. Los “prismáticos” estaban en unos de esos castillos de madera que suele haber que tienen una escalera por un lado y un tobogán por el otro, así que después de un ratito, el papá de Pequeñita animó a la niña a que siguiera el recorrido para dejar a los niños mirar por allí. La niña sigue el recorrido se tira por el tobogán, vuelve a subir, se pone detrás de ellos para esperar su turno, pasa un ratito, un ratito más… en este caso la madre impresentable del parque ausente total, adivina adivinanza quién era, los niños que no quieren dejarla… total que Pequeñita se queda sin jugar a lo que quería por ocurrírsele a su padre dejar que otros niños también utilicen lo que es de todos y todas en el parque. Y lo peor de todo, ¿cómo le explicas que no le dejan mirar cuando unos minutos antes le has dicho que tenía que dejarles mirar a ellos? En muchas ocasiones creo que la lectura que sacan es que no hay que dejar a otros porque luego no te dejan a tí. Así convertimos el mundo en un lugar hostil donde hay que estar a la defensiva y luchando todo el día para conseguir cualquier cosa. Habrá familias que pensarán que así se curten para la vida adulta pero yo creo que la infancia es para otra cosa, la cruda realidad llega después queramos o no, no sé que sentido tiene adelantarlo.

Me parece lamentable, la verdad, estas situaciones se reproducen una y otra vez en la vida cotidiana de todos nosotros, gente que le echa mucho morro y se hacen los locos y las locas (tal como hacían, seguramente, su madre y su padre impresentable de los parques) cuando tienen que ceder algo que es de todos y todas.

Cuando uno pretende enseñarle a sus hijos e hijas que hay unas normas de convivencia que facilitan que las personas podamos convivir y ocupar los mismos espacios respetando los derechos y libertades de cada una de nosotras así como que hay cosas que son de todos y de todas y hay que cuidarlas y respetarlas como si fuesen nuestras, te encuentras con la situación de que una y otra vez le estás exponiendo a situaciones de injusticia donde quién queda siempre en inferioridad de condiciones es tu hijo e hija y claro, eso duele mucho, pero la solución, digo yo, no es volverse igual de impresentable que las madres y padres de que os hablo que a su vez están haciendo impresentable a su prole, porque no olvidemos que somos modelo para ellos y ellas. Vamos que nos toca sufrir mucho.

Cualquier padre o madre puede parecer por un momento ser impresentable de los parques, porque cualquiera se despista por un momento en el parque mientras habla con otras mamás o con otros papás, también cuando tienen más de un hijo o hija, puede ser que estén atendiendo a uno de ellos y ocurra algo con la otra y no se den cuenta inmediatamente, pero es muy fácil saber quién lo es realmente y quién no. El padre o madre que no es impresentable, aunque se despiste, en cuanto se da cuenta, corre al lugar para ver qué está pasando y decidir si es necesaria su intervención o no.

Y diréis, pues a lo mejor el problema es vuestro por pedirle a vuestra hija que se tire del tobogán para dejar paso al resto de niños y de niñas, pero es que, ya digo que a lo mejor equivocadamente, nos educaron para pensar que es hoy por ti, mañana por mí. Si no generamos que dejen que otros niños y niñas usen los columpios y los toboganes corremos el riesgo de volver mañana y que lo haya monopolizado todo otro niño u otra niña. No sé, a mí me contaron que las soluciones donde todos ganan son las mejores y las más inteligentes y me lo creí, pero, ¿quién sabe?

Si lees esto y crees que puedes ser una madre o un padre impresentable de los parques, te pediría que trates de ser justo en el parque y en cualquier otro lugar siempre que esté tu hijo o tu hija delante, bueno puestos a pedir, te diría que siempre, pero ahora quiero hablar de educación de los hijos por eso me centro en el papel que ejercemos madres y padres en nuestras hijas e hijos. Hay un vídeo muy bueno que lo muestra, aquí lo incluyo. Yo creo que lo que volcamos en las demás personas es lo que solemos recibir de ellas, así es que aunque sea por egoísmo, merece la pena proyectar aspectos positivos. Esto que digo es una lectura general de la vida, no me refiero a hechos puntuales, donde claro que podemos encontrar una persona que nos conteste mal después de hablarle con una sonrisa, hablo de todas las situaciones de nuestra vida en conjunto. Seguramente si he sembrado positivo recogeré positivo. Además de la cosecha está la satisfacción personal y las endorfinas que se segregan cuando ayudamos a otras personas y que, entre otras cosas, previenen algunas enfermedades. Hay muchos motivos por los que merece la pena ser amable, justo y solidario con otras personas.

¿Seré yo la madre insoportable de los parques?

Y dicho esto y acabado el desahogo, que a gusto me he quedado, ¿quién sabe? A lo mejor para los padres y madres impresentables de los parques yo soy la madre insoportable de los parques, puede ser.

¿Sabes a qué tipo de padres y madres me refiero? ¿Alguna vez has tenido la misma sensación de injusticia que yo? ¿Cómo gestionas esas situaciones? Me encantará conocer tu opinión.

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9 thoughts on “Madres y padres impresentables de los parques

  1. Hola Mamá de Pequeñita,

    La verdad es que no lo había visto desde ese prisma, pero creo que llevas razón. Efectivamente en la vida hay que lidiar con la misma situación pero en contextos muy diferentes. No todos los niños son iguales, puede que tuviera planeado jugar después… Habría que tener en cuenta toda la información para poder actuar correctamente, y desafortunadamente en la mayoría de casos falta. Por ejemplo, 10 minutos antes de que la otra niña chillara a la mía, le acababamos de dar un bollo a la nuestra pero sólo teníamos uno, por lo que me acerqué a las madres de las otras niñas a ver si les podíamos dar alguna chuche, ya que era lo único que nos quedaba, y poco después la otra niña mira cómo actua! Si lo llego a saber ni ofrezco.
    Gracias por dar tu punto de vista.
    Un abrazo y a seguir teniendo paciencia.

  2. Hola Dirdán, el mundo está lleno de madres y padres impresentables de los parques. Tenemos que hartarnos de paciencia infinita, porque como tú dices estamos empezando.
    Respecto a que le “obligues” a tu hija a dejar sus juguetes, me surgen muchas dudas, imagina que se lo está pidiendo alguien que nunca le deja los suyos y ella como forma de defenderse no se los deja tampoco y tú no lo sabes porque es algo que ocurre en la escuela, el colegio… Estarás dejando a tu hija indefenda antes una situación que es injusta para ella, cuando no estás y cuando estás también. Entiendo que si un niño o niña no quiere dejar sus juguetes por algo será. Yo en esa situación también intentaría que mi hija dejara ese juguete que no está usando porque quiero transmitirle valores como compartir, “si tienes muchos juguetes y otros niños o niñas tienen menos podemos dejarle los nuestros para que pueda jugar”… Pero no le castigaría por no dejar sus juguetes ni le reñiría. Imagina que te vas de vacaciones con tu mejor, ropa, tus mejores zapatos, tus complementos más bonitos. Y tu madre o quien sea, llega y te dice que tienes que compartir y empieza a repartir tus cosas entre otras personas que están de vacaciones en el mismo sitio. Si te enfadas porque hace eso, te riñen y te castigan. ¿Cómo te sentirías? Eso le puede pasar a tu hija algún día en el parque con alguno de sus juguetes, que no le apetezca dejarlos porque sean nuevos o porque ella había hecho sus planes para jugar con ellos, quizá no ahora pero sí dentro de un ratito y si cuando los necesite los tiene otra niña, ya no puede hacer lo que había planeado. Puede ser que para cuando lo recupere, tú ya te la lleves a casa.
    En la vida adulta no compartimos nuestras cosas de esa manera. Y eso que las personas adultas en teoría, tenemos más capacidad para afrontar dichas cosas. Los niños y las niñas son egocéntricos, su mundo gira en torno a la satifacción de sus propias necesidades.
    Valoro que le transmitas a tu hija esa idea de compartir lo que no está jugando, es algo que te hace grande como madre y persona, pero entiendo que si le obligas no es algo que ella va a disfrutar ni va a ver como algo positivo que entiendo que es tu objetivo.
    Gracias por compartir tu experiencia. No quiero juzgar lo que planteas, solo darte mi punto de vista y ofrecerte una visión desde otro lado que a lo mejor no te habías planteado. Ya sabes que nada es verdad o mentira, todo depende del cristal con que se mira. Un abrazo fuerte.

  3. Pues parece que en el 2016 sigue la cosa igual, y supongo que en otro parque..

    Tenemos en casa, parece que la “mala” costumbre, de enseñar a nuestra hija que si está con otros niños y ella no está jugando con sus juguetes, debe prestarlos para que todos puedan jugar con todo. Evidentemente, si ella quiere alguno de otro niño, primero pedirá permiso para poder coger el juguete y luego lo podrá usar sin problemas.
    El año pasado tuvimos la “desgracia” de juntarnos en el mismo parque un grupito de madres y padres con los crios en la misma clase de la misma guardería y de la misma opinión. Ningún problema. Peeero, han quitado los columpios durante unos cuantos meses y además ahora van a coles distintos.
    El otro día nos volvimos a encontrar con una de ellas y dos de sus nuevas compis de clase, y sus maravillosas madres impresentables. Nada mas llegar las dos niñas se acercan a la abuela de la amiguita de la mía para pedirle “a ver que llevaba hoy”, literalmente, ya que les suele dar galletas, pero casualidad, no tenía. En ese mismo momento se marchan de nuevo a los columpios. Tenían dos sillitas que tenían abandonadas, y mi hija quería jugar con una. Le digo que pregunte a ver de quien es y pida permiso.
    Una vez nos dicen de qué niña es, ésta lo oye, se va directa a mi hija, se le pone a dos palmos de la cara y le grita “no te lo dejo”. Y se va, dejando la sillita donde estaba, por supuesto, ni tocarla. Luego me entero que hasta ha tenido suerte, que si la mía llega a coger la silla le podía haber costado el que la otra niña le levantara la mano (me lo chiva la madre de nuestra amiguita, que se lo hicieron dos semanas antes).
    ¿Que hizo la madre impresentable que estaba al lado? Nada, para qué, mejor seguir marujeando.
    Yo cada vez alucino más, niñas de dos años y medio!!! Se le ocurre hacer eso a la mía y primero le deja el juguete y segundo se ha ganado una regañina y un castigo, como por ejemplo no volver a jugar con la silla en lo que le queda de tarde.
    Otra cosa es que la niña esté jugando con sus cosas y vayas a quitárselas, pero llevabamos media hora y ni habían mirado las sillitas. No sé si me dieron mas ganas de echarle la bronca a la niña o a la madre… Y estoy empezando… Creo que lo voy a llevar muuuuy mal.

  4. A mi me pasa lo mismo! De hecho voy poco a los parques o a horas un poco raras para evitar malos rollos. Y tal y como comentáis por lo general estos niños una vez pasado el mal trago del principio en cuanto les hablas o les preguntas algo, enseguida se ilusionan y te buscan por el recinto. Yo creo que precisamente por esa carencia de atención. En fin, que me pasa constantemente, y veo cada día cosas terribles….contaré una anécdota:
    Alba tenía un año y un par de meses, estábamos en el parque de enfrente de casa y se subió a esos cacharros circulares que dan vueltas….en dos segundo aparecieron dos niñas mucho más grandes y directamente la atropellaron, su único objetivo era echarla. Les comenté que tuvieran cuidado que Alba era más pequeña y que podíamos jugar todas. Respuesta:
    – Y qué, yo tengo 4 años y le puedo.
    Levanté la cabeza buscando un adulto con el que intercambiar alguna palabra….lejos, allí en un banco había un corro de padres impresentables tomando una litrona ( cosa que me da igual, pero bueno) rodeados de millones de cáscaras de pipas ….me mordí la lengua….mi inexperiencia me hizo cabrearme mucho y tener ganas de darle una patada a esos seres monstruosos que agredían a mi pequeña. Pero aguanté la situación y decidí que ese parque es de todos. A los 10 minutos las mismas niñas me trajeron sus juguetes para que viera lo bonitos que eran. Eso sí, lo de que respetaran a mi hija no lo conseguí. Este tipo de situaciones me produce una pena tremenda. Hoy sigo viendo a esas misma niñas que tienen un año más y dicen cosas tan bonitas a sus padres como: No hago eso porque no me sale del coño. Con solo 5 años y pico. En fin, qué esperamos de la sociedad?

    Un beso, madres normales del parque!!

  5. Pues lo que yo digo, tienen una falta de atención tremenda, pobres, son años muy importantes para el desarrollo de la personalidad. Seguro que sus familias no son conscientes de lo importante que es todo esto. Y también coincido contigo, es mucho más fácil hablar con los niños y las niñas que con sus padres o madres impresentables de los parques. Un abrazo.

  6. Estoy de acuerdo contigo…
    Yo, personalmente, hablo directamente con lxs otrxs niñxs cuando no hay otrx adultx que lo haga, y la verdad es que suele funcionar. En la mayoría de los casos, lxs niñxs son mucho más comprensivxs que sus aldultxs, es curioso… a veces me miran raro, a veces acaban pegadxs a mis piernas contándome lo que han hecho en el cole (o ambas cosas)

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