Mejor reconocer nuestros errores como madres y padres

Es probable que me repita, pero me nace así.

Hay muchas disculpas que se ponen en la crianza: “a mí me pegaron y tampoco salí tan mal”, “eso son cosas de niños”, “los niños se adaptan a todo”… Justificamos porque no estamos tranquilas, si no, no lo haríamos. Somos así de simples. Yo también lo hago, por eso me incluyo.

En estas semanas locas mías en las que el inicio de curso está siendo de un intenso que agota, no tengo tiempo, a veces, me falta el aire, pero esto último se debe a que hace mucho calor para trabajar en un lugar sin aire acondicionado y corriendo de un lado a otro subiendo y bajando escaleras. Creo que os habréis ahogado solo de leerlo. Y esto sin estar en forma es muy duro. En fin, poco a poco. El “veroño”, me encanta esta palabra, tendrá fin, digo yo, mis programaciones estarán entregadas dentro de poco, espero y mis clases estarán encaminadas, esperemos a buen puerto y podré sencillamente vivir un poco después de tantos meses batallando. (Escribí esto hace unos días, las programaciones están entregadas y ya hay otoño oficialmente, por lo demás sigo teniendo bastante lío, pero cada vez menos).

Y mientras voy yo con toda mi ilusión y mi vorágine, no dejan de llegarme mensajes que me hacen brotarme un poco. Lo justo porque no ando yo con pocas fuerzas para estos menesteres y mejor, porque mi salud se resiente menos, con mi estrés tengo bastante.

Nadie dijo que todas las personas a las que dejaron llorar para dormirse tengan problemas de conducta. Tiene sentido que me lance ahora con esto, de pronto, lo prometo. La idea es que influyen muchos factores en la vivencia de cada persona y en su conducta, entre esos factores está el dejarle llorar para que duerma. Es difícil saber a qué se deben nuestras dificultades de la vida adulta, pero cuando nos ponemos a rascar aparece la infancia, la primera etapa, la más importante. Todas las personas tenemos nuestros traumas, a unas personas les incomodan más a otras menos. A esto se suma que ahora, cada vez más, nuestros niños, niñas y jóvenes tienen problemas emocionales, de relación, ansiedad, depresión… A veces son pequeñas cosas pero les hacen ser tremendamente infelices. Otras son problemas de mucha importancia que les incapacitan para llevar una vida más o menos normal. 

Escribo esto en respuesta a un comentario de una lectora, conste que va con todo mi respeto, de corazón, pero necesito soltarlo para que no se me agarre en el alma.  

Tras toda esta fundamentación, quiero lanzar un mensaje a todas esas personas que probablemente nunca lo leerán porque se pasan por aquí poco y si lo hacen, no les convence lo que digo:

“Ojalá vuestros hijos e hijas sean tremendamente felices, se sientan seguras y seguros, dentro de las posibilidades que se puedan tener a su edad, sean valientes, vivan su propia vida dentro de unos límites (sobre todo si son pequeños y pequeñas), no sufran en las relaciones personales, tengan claro lo que quieren (para su edad) y sepan cómo defenderlo desde el respeto, pero con contundencia para lograr todo aquello que se propongan.

Si sientes que tu hijo o tu hija no está en esta línea entendiendo que seguro le queda mucho camino por recorrer, entonces es que hay cosas que se pueden trabajar y compensar. Queremos una vida plena para nuestros hijos e hijas, algunas personas dicen aquello terrible de: “que tenga lo que yo no tuve”, otras no lo decimos pero en el fondo, buscamos lo mismo”.

El caso es que las carencias de la infancia están ahí, a veces se hacen patentes en la adolescencia, otras en la vida adulta, en ocasiones brotan con la maternidad y la paternidad. Hay personas, a las que sus traumas no les incomodan y viven vidas más o menos o plenas. A la mayoría, nos generan problemas de mayor o menor calado en algún momento de nuestras vidas. 

Negarlo no es la solución. Tampoco buscar culpables. Vivir y compensar lo que nos genera malestar, nada más. Muchas de las cosas que hacemos como madres o padres surgen del desconocimiento, de nuestra propia experiencia. La mayoría de las veces nos equivocamos con nuestra mejor intención, pero nos equivocamos. Y justificar la mayor o lo injustificable, no es la opción más inteligente. 

Una cosa es que no queramos que nuestros hijos e hijas tengan problemas, otra cosa es que no los tengan. Podemos quitarle importancia a lo que les pasa, normalizarlo, pero no deja ni ser un mecanismo de defensa, una forma de no reconocer nuestros errores. 

Siempre digo que el aprendizaje viene del error, hay que equivocarse para aprender. No tiene sentido negar el error porque entonces no hay mejora, no hay aprendizaje. 

Así que con todos mis respetos y sin querer juzgar a nadie, evitemos ponernos a la defensiva, escuchémonos, aprendamos los unos de las otras, las tras de los unos. Busquemos la mejora continua porque no hay proyecto más importante que el de nuestros hijos e hijas. Incluso aunque sea por egoísmo, si ellos o ellas están bien, nuestra felicidad es más fácil. Esto lo digo para las y los que no sienten que su individualidad es tan importante como su faceta de madre o padre. 

Sigamos reflexionando, cuestionando todo lo que oímos, probando cosas nuevas, repitiendo lo que nos funcione. Seguro que podemos hacer mejoras, seguro que compartiendo aquello que nos funciona podemos hacer felices a otras familias, pero siempre desde la humildad de que podamos estar equivocadas (personas que me leéis).

Os deseo mucha felicidad a vosotras y a vuestros hijos e hijas.  

¿Sientes como yo que es más honesto reconocer los errores que cometemos en nuestra maternidad y paternidad? O por el contrario, crees que no tiene ningún sentido analizar nuestra conducta con hijos e hijas para ver en qué se puede mejorar, mejor dejarse llevar. Soy toda oídos, como siempre te espero en los comentarios.

 

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8 thoughts on “Mejor reconocer nuestros errores como madres y padres

  1. Claro, vamos probando, ¿qué otra cosa podemos hacer? Pues probar, observar, escuchar y tratar de ir mejorando, repitiendo lo que nos funciona y desechando lo que no. Seguro que haciéndolo así, obtenemos frutos. Un abrazo fuerte.

  2. ¡Gracias por leerme! Siempre podemos hacer cosas para mejorar la vivencia de la infancia de nuestros hijos e hijas. Es inevitable no equivocarse, lo importante para mí es saber gestionar estos errores, porque para nuestros niños y niñas, ver cómo lo hacemos es un gran aprendizaje. Un abrazo fuerte.

  3. Gracias Mari, ¡me encanta “maternando”! Esto hay que hacerlo desde la humildad. Estoy contigo en que lo que más nos molesta suelen ser cosas que nos resuenan de nosotros y nosotras mismas. Un abrazo fuerte.

  4. Hola Soraya!!
    Soy Rebeca, amiga de Elena Vizcaíno, no sé si me recuerdas de un concierto de Silvio y muchos más en Vallecas…
    Te escribo, pq desde el AFA del colegio de mi hijo, estamos organizando una serie de charlas para las familias. Y como me gusta mucho como escribes, me preguntaba si podrías realizar una charla sobre la anatomía y la responsabilidad. Estaría orientada a familias de niños de 3, 4 y 5 años… Y tendría una duración de dos horas aproximadamente… Sería un viernes a decidir a lo largo del curso… No sé si tendrías disponibilidad o si te interesaría, y cuál es tu presupuesto…
    Si te interesa, escríbeme un mail y concretamos un poco más…
    Un saludo
    Rebeca

  5. Hola Soraya,
    Tienes toda la razón, yo llevo casi 17 años maternando y he cometido tantos errores, incluso algunos los he vuelto a repetir…
    Muchas veces lo que nos disgusta del otro está presente en nosotr@s mism@s, asi que desde ese punto empecé a reflexionar sobre mis errores, y a compartirlos con los demás, y no volver a repetirlos, emplear nuevas técnicas, algunas han funcionado a la primera, y otras he tenido que buscar de nuevas.
    Lo que si tengo claro es que es mejor ser sincera con una misma y reconocer los errores para poder crecer.
    Me ha encantado leerte.
    Un abrazo.

  6. Hola,

    Soy de las que tomo la cosas buenas que veo en las demás familias y las aplico a la mia, pero además intento “corregir” alguna que otra forma en la que fui criada, aunque tuve una infancia muy feliz, siempre hay cosas que quiero que mi chiquita no pase, por ejemplo en mi casa siempre los niños no debían hacer tareas del hogar, solo la niñas y en la que el autoestima de las niñas cada vez mas al suelo, permitiendo burlas de los niños (bullying), tampoco nos enseñaron a conducir, solo a los varones (a partir d los 11 años) y como esos tengo 20.000 ejemplos, se que mis padres hicieron lo mejor que pudieron, ellos también fueron criados así.

    Yo, aunque intento hacerlo lo mejor posible, me equivoco y mucho, sobre todo cuando me molesto y le grito (espcialmente cuando no quiere comer), pero siempre pido perdón, me duele saber que recordará de grande estos regaños, espero que también recuerde mi disculpas.

    PD: No siempre escribo, pero siempre te leo.
    Saludos,

  7. Para poder mejorar hay que ver dónde fallas. Ni existen las personas perfectas… y mucho menos los padres perfectos. Yo misma me he visto haciendo cosas que no quería o me había negado hacer, pero no funcionaba nada más o fue lo primero que me salió en ese momento. La cuestión es probar, cosas que ves y te parecen respetuosas o simplemente “bien”, y si funcionan insertarlas a tu lista de recursos.

    Bastante tenemos los padres en casa como para encima estén criticando todo lo que hacemos desde fuera también.

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