Pintando sus uñas y su autoestima

Lucho continuamente contra todos los intentos de sexualización de la infancia de mi hija. Me genera un problema el maquillaje, el pintauñas, las muñecas tetudas y anoréxicas, el reaggeton que habla de dar por delante, por detrás y por el costado a cualquier fémina, especialmente si es en horas de colegio y un largo etcétera de historias que a todo el mundo le parecen normales.

Mi hija quería pintarse las uñas de los pies, miraba mis uñas pintadas con ojos de deseo, me preguntaba por ellas y como sabe que son temas que yo trato de evitarle, no me lo pedía directamente, pero estaba claro que le apetecía muchísimo. Yo nunca me pinto las de las manos, pero en verano me suelo pintar las de los pies.

Al final hace unos días, no sé bien cómo, algo dijo que me dio pena y le pregunté si quería que le pintara las uñas. En realidad, algo pasó y su padre me miró con cara de: “qué más da, no es tan importante” y cedí. Le pinte las uñas, estaba tan ilusionada… me preguntó cuánto tiempo podría tenerlo y le dije que no se preocupara que en un par de días se le quitaría con el agua del mar.

Al día siguiente, tras dedicar horas y horas a mirarse los pies cual obra de arte, cuando íbamos a la playa, me dijo que daba igual qué bañador se pusiera porque no iba a bañarse, que no le apetecía. En fin… Le dije inmediatamente que no se preocupara, “si se te quita la pintura de las uñas, te las volveré a pintar”. “Si no es por eso, mamá”, dijo ella al verse descubierta…

¡Qué difícil luchar contra todo lo que la sociedad nos vende! Mi hija es la más pequeña de su clase, debo ir con tres o seis meses de ventaja en cuanto a la carrera porque se vuelvan personas adultas en plena infancia, ya veis qué consuelo… En el último cumpleaños de niñas de su clase al que fuimos, una se disgustó muchísimo porque tras abrir los cuatro o cinco paquetes de regalos (tengamos en cuenta que estos niños y niñas nuestros tienen dos, tres, cuatro y a veces más, celebraciones de cumpleaños) no había una camiseta de las de enseñar el ombligo como sí tenían sus dos compañeras cumpleañeras. Su madre no paraba de decir “¡pero si tiene tres en casa!”

Esta idea mía de evitar determinadas historias convive con el miedo de que puedo conseguir el efecto contrario, por eso cuando lo veo mal, suelto un poco la cuerda, como ahora con las uñas. Ojalá sepa transmitirle lo bonita que es ella sin ningún adorno, sin ningún complemento, lo importante que es su cuerpo al margen de la forma que tenga.

En estos días de vacaciones, he estado alojada frente a un centro de terapias naturales donde puede leerse en el escaparate: “enamórate de ti misma, luego de la vida y después de quien tú quieras”. De eso se trata. Me encantaría que mi niña y todas las del mundo, se pinten (si quieren) para verse bonitas, lleven sus uñas de colores (si quieren) porque con ello definan un estilo que les haga sentirse cómodas, únicas, especiales; se pongan la ropa que les plazca como forma de disfrutar de su cuerpo, de su tiempo… y no para gustar a otros u otras, si no para definirse frente a las y los demás. Ojalá entiendan el exterior como un mero envoltorio al que hay que cuidar pero sin olvidar que lo importante es lo de dentro, sentirse bien, cuidar su salud, disfrutar de todas las posibilidades que les dé su cuerpo desde la decisión autónoma para usarlo. Nada más y nada menos. Trabajito tenemos.

Os propongo un pequeño ejercicio que durante años trabajé en mis clases de autoestima cuando trabajaba habilidades sociales en centros de Educación Secundaria:

  1. Calcula cuánto tiempo dedicas a cuidarte por fuera (la parte estética): peinarte, ducharte, vestirte, maquillarte, depilarte, afeitarte, mirarte al espejo… Trata de hacer una media diaria, teniendo en cuenta que puede haber días de la semana que te arreglas más…
  2. Ahora calcula cuánto tiempo dedicas a cuidarte por dentro (la parte emocional): saber cómo te sientes cada día y por qué, comprobar si estás bien, qué puedes hacer para sentirte mejor, entender qué es lo que hace que estés de mal humor, preocupado o preocupada…
  3. ¿A qué parte dedicas más tiempo? ¿Por qué? ¿Crees que está bien compensado?

Me consta que emocionalmente estamos hechos y hechas un asco, siempre lo estuvimos, tampoco es algo de ahora, pero eso no es ningún consuelo. Y por supuesto, me encantaría transmitirle a mi hija lo que llevo años tratando de transmitir a mi alumnado. En el caso de mi hija es una cuestión de prevención. Creo que es lógico y normal. No sé por qué a la gente le cuesta tanto entenderlo, incluso en mis círculos más cercanos, escucho continuamente: “¡qué exagerada eres!”. Soy psicóloga de vocación, ¿qué quieren? ¿Que me de igual que mi hija tenga la autoestima por los suelos? ¿Qué con cinco años se preocupe más de tener pintadas las uñas que de disfrutar bañándose en la playa? Comprenderéis que es lógico que me preocupe. Lo que es extraño para mí es que haya otras personas que no le den la importancia que tiene.

¿Sientes que la sociedad trata de acortar las infancias de nuestros hijos e hijas? ¿También luchas contra la sexualización de la infancia? ¿Te parece todo esto exagerado? Me encantará saber vuestras opiniones, te espero en los comentarios y si sientes que esto puede serle de utilidad a alguien, te agradezco que compartas.

 

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6 thoughts on “Pintando sus uñas y su autoestima

  1. Karla, seguramente tendrás razón, le doy demasiadas vueltas. Pero yo no paro de ver a mi alrededor, personas con carencias de esta época que estamos viviendo ahora, historias que se vivieron hace muchos muchos años y que determinaron cómo son ahora, situaciones que no son agradables, una y otra vez. Intento evitar que mi hija pase por este tipo de cosas, no tengo ni idea de cómo acabará esto, ¿quién lo sabe? Casi siempre es una cuestión de ensayo-error, cada persona en su estilo prueba qué le funciona mejor, trabaja sus propias carencias en sus hijos e hijas sin atender, muchas veces, a las de las y los pequeños. Tomo nota de lo que me dices, quizá deba relajarme un poco más. Gracias por acompañarme.

  2. Hola, me encanta tu blog, me hace sentir acompañada en esto de la maternidad!
    Mi chiqui chiqui tiene tres añitos y pues al verme pintarme las uñas pues tambien quiere, como el labial también (yo casi no me maquillo, pero si uso labial), ellos copian lo que nosotras hacemos como querer llevar un bolso o usar una falda, la vida se encargará de complicar las cosas después, por qué complicarnos ahora? me parece que al contrario de afianzar la autoestima, creará frustraciones. Mi humilde opinión.

  3. Yo también siento quéces difícil y trato de buscar un equilibrio entre lo que creo firmemente y lo que me rodea, por eso cedo muchas veces. Aunque tengo que reconocer que después de ceder y ver las consecuencias, me pasa que hay veces en que no tengo nada claro estar haciendo lo correcto. En fin… ojalá estemos en un camino que les permita ser felices y defender lo que es justo. El objetivo es ambicioso así que hay que ponerse las pilas. Un abrazo y gracias por compartir tu experiencia.

  4. Estoy contigo, el pintauñas está lleno de tóxicos. Yo uso pintauñas ecológico aunque no tengo claro que sea una gran garantía, la verdad.
    Y creo que tienes razón en que hay que trabajar sobre todo con las personas adultas, pero como me resulta más fácil en muchas ocasiones, trato de prepararla para lidiar con todo esto. Me consta que tú haces lo mismo. Trabajito tenemos. Un abrazo y gracias por compartir tu punto de vista.

  5. Pues me parece un tema de lo más interesante. Yo dejé de pintarme las uñas al saber la cantidad de tóxicos que contienen los esmaltes, los tiré todos, se lo expliqué, haciendo hincapié en lo hermoso que es nuestro cuerpo y las cosas que hace a diario sin que nos demos cuenta, y si alguna vez, de cuando en cuando, me lo piden, con unos pintauñas bio les dejo que se pinten una única uña. Se suele quitar rápido y no le doy importancia ninguna, para que entiendan que no la tiene. “¿Te gusta, mamá?” “Me gusta más sin pintar”. Sin embargo hay muchos frentes para luchar, muchos comentarios a la ligera que dejan poso y que me dan una rabia tremenda, porque tengo que estar detrás para limarlos cuando el daño ya está hecho, y no es fácil subir la autoestima de una niña que recibe mensajes por todas partes para tener un cuerpo irreal / forma de vestir poco apropiada / aspecto determinado (qué guapa estás con ese vestido -pero no se lo dices a un niño de su ropa-, qué barrigota tienes, las que tienen mal tipo llevan bañador, y otras perlas que me hacen hervir la sangre).
    Muuuuuuucho por hacer, pero en los adultos.

  6. ¡Hola Soraya! Me ha encantado tu post, cuando lo leía parecía que ponías palabras a mis pensamientos.
    Me presento un poquito, ya que es la primera vez que escribo en tu blog. Mi nombre es Mari, soy madre de tres hij@s, dos niñas de 16 y 12 años, y un niño de 3 años y medio; mi profesión es educadora en una escuela infantil y también acompaño a familias en los diferentes procesos de la crianza.
    Siempre he querido transmitir a mis hijas el valor de quererse y aceptarse como son, pero inevitablemente en su grupo de iguales, siempre hay la amiga que le gusta ir a la última moda (maquillaje, ropa, uñas, movil…) en ocasiones, simplemente para ser aceptadas por los demás. De momento, estoy contenta, y sé que si se visten, se maquillan (poco, muy poco) es para sentirse bien con ellas mismas… Yo no me maquillo, no suelo ir a la última en la moda (soy más bien hippie), siempre me ha gustado verme y aceptarme tal y como soy, sin más.
    Tengo que confesar que es difícil, no ofrecer, no insistir en según que aspectos, ya que a veces, suelen ser las “raras” del grupo, y en ocasiones, es díficil gestionar esa situación como madre.
    Bueno, en definitiva, yo también creo firmemente en la sexualización prematura de la infancia, con ropa, accesorios y “necesidades” no necesarias a sus edades.
    Un saludo a tod@s.
    Mari

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