«Hasta que no te calmes, no te lo doy»

crianza respetuosa

Me gustaría compartir con vosotras (personas que me leéis) una escena que vivimos hace poco Pequeñita y yo en el vestuario de la piscina y reflexionar sobre qué ocurrió y qué tipo de mensajes les transmitimos a nuestros niños y niñas con las expresiones que decimos casi siempre sin pensar y en caliente. Siempre me acuerdo de aquella frase: «si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo vayas a  decir».

Pero antes de contaros lo que vivimos voy a inventarme una historia para que podáis ver lo que nos pasó con otros ojos. Vaya por delante que como me dijo una mamá que conocí hace poco en el concierto de Silvio Rodríguez y que resulta que era seguidora de La mamá de Pequeñita: «voy a hilar fino». Es emocionante encontrarte con personas que leen lo que escribes y que te cuenten que les puede servir de alguna manera con sus hijos e hijas, en la mayoría de ocasiones me encuentro con gente muy interesante que se preocupa por criar y educar a sus hijos e hijas de la mejor manera posible y es un gusto compartir con ellas reflexiones y opiniones. Esta mamá me dijo que hilaba muy fino en algunas cosas diciéndome que voy al extremo, al último detalle. Creo que tiene toda la razón y así se lo dije. Pero, ¿quién tiene la certeza de que uno de esos detalles no es determinante en la vida de una persona? La vida cambia por completo de repente por un acontecimiento insignificante, estar en el lugar apropiado en el momento apropiado para bien o para mal, un comentario que nos hace despertar y salir adelante o hundirnos en la miseria o darnos cuenta de algo que hace que se tambaleen nuestros cimientos. Así es la vida, desde que nacemos, pequeños hechos modifican por completo nuestras trayectorias vitales. Conocer a alguien que descubre en ti un talento y te conviertes en protagonista de una película taquillera, hacer una entrevista y que te cojan en el trabajo de tu vida, una noche loca que te hace ser madre… ¿sigo? Ver una foto en Facebook de tu pareja con otra persona, despistarte un segundo al volante y cambiar de carril cuando venía un camión, tropezar en un acantilado… Situaciones que duran minutos o segundos pueden cambiarte la vida por completo para bien o para mal.

Imaginad una escena de dos personas adultas, una persona mete la pata, hace algo que a la otra no le gusta, entonces esta última le quita algo muy valioso para la primera que llevaba en las manos con el consiguiente enfado por su parte al ver que le han quitado algo valioso para ella. Es tan grande la preocupación que además de enfadarse, le pide que se lo devuelvan, le suplica al ver que no lo hace, llora desconsoladamente tratando de recuperarlo, pidiendo una y otra vez que se lo devuelvan. La segunda le dice, «no te lo voy a dar, te lo he quitado porque haces lo que quieres, tienes que hacer lo que yo te diga», la primera cada vez llora más, grita y suplica a la otra que se lo dé que es importante para ella, que es suyo. La segunda impasible le dice: «hasta que no te calmes no te lo voy a dar», la primera se calla haciendo un esfuerzo importante por recuperar aquel objeto valioso y la primera le ignora y no se lo da. ¿Qué pensaríais? ¿Os parece una situación justa?

Ahora os cuento lo que vivimos.acompañamiento emocional

Estábamos en el vestuario cuando entró una madre con dos niñas mellizas de unos dos años y un niño un poco más mayor, de cuatro o cinco años. Una de las niñas entraba llorando desconsolada y gritaba, «dame mi bebé, dame mi bebé». No sabemos bien que había pasado pero la madre además del mochilón con todas las cosas para la piscina llevaba un muñequito en la mano. Aquí empiezan las frases, esas que se sueltan así, como que no quiere la cosa:

  • «Te lo he quitado porque haces lo que quieres».
  • «Si me hicieras caso no te pasaría esto».

La niña seguía llorando sin parar, cada vez más fuerte y sin consuelo. Pequeñita observaba la escena con la boca abierta. Yo no paraba de preguntarme si ese era el momento ideal para darle a la niña aquella lección tan importante que quería darle la madre para que no volviera a hacer aquello «tan terrible» que había hecho, habría sido más cómodo no darle importancia, darle a la niña su bebé y haberse ahorrado la situación tan violenta y al resto el sofocón de ver así a la niña, salvo que lo que hubiera hecho fuera muy muy grave, la verdad, no lo parecía. Pero en esos momentos, una no piensa con claridad, de repente se activan experiencias vividas hace muchos años, rabias contenidas, carencias no resueltas de nuestra infancia y no se puede parar fácilmente.

Yo a esto lo llamo «meterme en guerras innecesarias». Bastante difícil es sobrellevar con dignidad la vida con niños de dos, tres o cuatro años en muchas ocasiones como para enredarme en jaleos que no van a llevarme a ninguna parte, sólo me enredo cuando me parece que la cosa es trascendental: exceso de vídeos, azúcar, la hora de dormirse cuando hay colegio, etc. Claro que estos son mis motivos. Muchas mamás se preocupan de que los niños y las niñas se «salgan con la suya» porque temen que entonces se convertirán en delincuentes en potencia, si yo pensara eso, lo incluiría en mi lista de cosas importantes, claro está. Así que no lo comparto pero lo entiendo.

El caso es que ante semejante escena, la madre le dice a la niña: «hasta que no te calmes no te doy el bebé» y tal era la necesidad de la niña por tener aquel muñeco que se calló inmediatamente. ¿La reacción de la madre? Pues uno espera que le dé el bebé y se acabe la escena, pero lo que hace la madre es no darle el bebé. Supongo que en este punto de la escena, a Pequeñita se le salían los ojos de las órbitas porque a mí me estaba pasando.

acompañamiento emocionalLa niña manteniendo el tipo un rato sin llorar y la madre ocupada de desvestir al niño porque empezaba la clase de natación. En este momento salimos del vestuario para ir a la piscina. Por supuesto, salí horrorizada y con ganas, como tantas y tantas veces, de hablar con la madre y explicarle qué posibles efectos tiene su conducta sobre una niña de esta edad. Es un tema difícil porque en una situación así, la madre está comportándose con la misma aparente indiferencia provocada probablemente por la sensación de impotencia sentida en el pasado ante una situación similar y con la probabilidad de que esa misma niña repita el capítulo dentro de treinta años de la misma manera. ¿Quién puede parar esto?

En esta ocasión voy a plantearos simplemente las dudas que me surgen para que cada persona pueda extraer su propia reflexión:

  • ¿Qué aprendizaje siente la madre que le transmite con la frase: «te quito lo que más quieres (al menos en este momento) porque haces lo que quieres»? ¿Qué beneficio o qué aprendizaje puede conllevar este mensaje para el futuro de la niña? ¿Es malo hacer lo que uno quiere? ¿Querrá la madre que la niña no haga lo que quiere y le parecerá apropiado que si lo hace las personas que la rodeen le quiten cosas?
  • ¿Por qué pedimos a niños y niñas muy pequeños que controlen sus emociones (misión casi imposible por naturaleza) cuando nosotras no somos capaces de hacerlo muchísimas veces? Estoy pensando en el típico: «no se grita» con el consiguiente grito de la madre al decirlo o el «no se pega» con azote incorporado.
  • ¿Por qué nos sorprende o nos parece mal que las y los más pequeños se manifiesten cuando algo les parece injusto (me enfado y lloro porque no me parece justo que me hayas quitado mi bebé)? ¿Acaso buscamos que nuestros niños y niñas se queden tan tranquilos cuando les hagan algo que les moleste?
  • Y, ¿cómo se puede reaccionar con indiferencia ante el logro de esa niña de dos años de mantener la calma en una situación así? Aquí no puedo evitar responder. Esa situación sí que merece una recompensa y no las millones de cosas que recompensamos sin sentido como hacer un dibujo, hacer pis en el water o hacer el gesto de los lobitos… ¿Podría darle alguien importancia a las emociones, por favor?
  • ¿Somos conscientes de los efectos que tienen nuestros mensajes en las y los más pequeños?
  • ¿Por qué una escena que nos parece injusta si sus protagonistas son adultos no tiene ninguna importancia si son niños o niñas?
  • ¿Estamos siendo coherentes con lo que queremos transmitir en situaciones como ésta o están saliendo carencias que tenemos de la infancia porque normalizamos en nuestra propia infancia que esto era normal o incluso necesario? Pensad que seguramente en algún sitio hemos tenido que ver que esto era una opción de conducta. Me refiero a lo que hace la madre.

¿Te parece interesante reflexionar sobre estos temas? ¿Estás de acuerdo conmigo en que muchas veces no somos conscientes de lo duros que son los mensajes que transmitimos a nuestros niños y niñas o de las consecuencias que pueden tener si se repiten en el futuro en otro tipo de situaciones? ¿Consideras que esto no tiene ninguna importancia? ¿Consideras que es una exageración? Sea cual sea tu opinión sería perfecto que la compartieras en los comentarios.

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10 comentarios en “«Hasta que no te calmes, no te lo doy»

  1. Hola Ana, no pretendía juzgar a la madre en cuestión, soy consciente de todo lo que dices. Mi objetivo con este tipo de artículos, es generar reflexión a partir de experiencias que vivo y que son habituales, nunca juzgar a nadie. Simplemente es más fácil generar debate y reflexión desde una situación real. Pero en relación con lo que me dices, estoy de acuerdo contigo en que puede ser que aquella situación partiera de una situación de peligro o de cualquier otra cosa realmente importante como dices, claro, es posible. Pero me surgen dos preocupaciones, ¿por qué pensamos que una niña de dos años es capaz de relacionar aquello que ha hecho tan grave con que le quiten su muñeca? Su razonamiento está muy alejado del nuestro, no establecen relaciones como lo hacemos nosotros. La consecuencia ante la situación peligrosa debería relacionarse directamente con esa situación, quitarle el bebé seguro que no tiene nada que ver y ella no puede comprender que es por eso, como mucho entender que cuando hace determinadas cosas su madre se enfada y le hace daño, pero no entiende que es peligroso, en la misma situación sin la presencia de su madre hay muchas posibilidades de que actúe igual. Se genera rabia y no va acompañada de un aprendizaje, aún no, es demasiado pronto. A partir de los cuatro años quizá, antes no es posible. Si te apetece profundizar un poco más sobre esto te recomiendo leer este post: http://lamamadepequenita.com/por-que-un-nino-de-dos-anos-no-puede-manipularnos-la-teoria-de-la-mente/ Y luego hay otra reflexión que me surge y que tiene que ver con un concepto que se llama adultocentrismo, en todas las opciones que me planteas, que son muy razonables, te reconozco que en ningún momento me planteé que pudiera ser la conducta desesperada de una madre ante una posible situación de peligro. Pero en todas las opciones que me das hay un planteamiento de culpa de la niña, también podría ser que simplemente la madre estuviera agotada, hubiera tenido un día horrible en el trabajo, hubiera dormido mal, tuviera prisa porque tenía que hacer dos mil cosas y estuviera estresada… La mayoría de nosotras pasamos por estos estados y no tenemos la misma paciencia con nuestros hijos e hijas, seguro que sabes de qué te hablo porque con tres hijas pasarás por todos los estados, estoy segura y esto aunque no trabajes, si encima trabajas puede ser tremendo. En cualquier caso, me encanta que compartas tu experiencia, teniendo tres tienes muchísimo que decir y que aportarnos por aquí, yo de entrada ya te admiro porque con una sola hay días que me desbordo. Así que por favor no dejes de compartir tus opiniones por aquí, esto pretende ser un espacio de reflexión y debate. Un abrazo Ana.

  2. En nuestra familia es muy habitual lo de «o me pides bien lo que quieres y me hablas bien sin gritar, o nada». Igual que yo no le hablo a mis hijas a gritos, ni a mi marido, si ellas nos piden cosas a gritos o de malos modos, les decimos que así no.

    Dicho esto, por un lado, no soy partidaria de juzgar sin saber de dónde viene una situación. Puede ser que lo que hubiese hecho la niña fuese algo sin importancia, o puede ser que hubiese sido algo más importante, como ponerse en peligro (en el ámbito de una piscina podría ser), pegar a sus hermanos, o a otros niños…no lo sabemos.

    Por otro lado, yo tengo tres hijas, y cada una de ellas con carácter muy distinto. A una de ellas posiblemente con decirle algo una vez vale, otra prefiere las argumentaciones, y la otra en situaciones de calentón no es capaz de razonar. Y esto además no siempre es igual en todas las situaciones, y hay veces que la que razona, no razona, y al revés. En función de cómo es cada una, y cómo se esté dando la situación concreta, procedo de una u otra manera.

    Suponiendo que la situación de la que viniesen no fuese importante, coincido contigo en que la reacción es excesiva. Y efectivamente, una vez que la niña consiguió calmarse, hay que reconocérselo SIEMPRE. Pero es muy difícil juzgarlo sin conocer a esa familia, esa madre y esa hija en concreto, y sin saber qué había pasado antes. Yo, si una de mis hijas corre al borde de la piscina, por poner un ejemplo que se me da hoy en día, le digo que no lo haga. Pero si lo sigue haciendo reiteradamente, la dejo sentada un rato sin bañarse, o le quito la pistola de agua, porque me parece un comportamiento peligroso y quiero que aprendan que eso no se hace. Y no pienso que eso tenga consecuencias fatales para su futuro ni para su carácter, más bien pienso que las estoy protegiendo de un mal, que ellas igual son pequeñas para darse cuenta o aprenderlo por sí solas.

    Un abrazo

  3. Estoy totalmente de acuerdo con lo que comentas Soraya… Y tenemos tanto que aprender… Por eso es importante que tomemos conciencia de lo que hacemos como madres, padres, educadores, etc., y sepamos rectificar cuando nos equivoquemos…
    Me ha encantado verme citada en este post…
    Tu gran fan!

  4. Creo que son cosas o expresiones que esas personas han recibido de quien más les querían y lo han normalizado, han aprendido que eso era lo que estaba bien, lo que hay que hacer… En realidad es una pena pero nuestros hijos e hijas no tienen por qué sufrirlo. Es increíble lo poco que se respeta a los niñas y las niñas.

  5. Buena reflexión, me quedo con lo de validar los sentimientos. Resumo lo que me pasó el otro día: vemos a una conocida, mi niña seria en el carro, la conocida venga a hacerle cosquillas y cosas para que riera, mi hija poniendo pucheros, hasta que al final estalló a llorar desconsolada. La cogí en brazos y le dije que le había molestado lo que le habían hecho (a mi hija) y estuve acompañandola hasta que se calmó. De fondo la conocida suelta «cuanto más llores menos meas». Yo simplemente me limité a darle el mensaje a mi hija que es quien me importaba en ese momento. La cuestión es que no se nos ocurre decirle a ningún adulto dicha frase y a un bebé si… creo que no lo piensan.

  6. Claro que es difícil pero eso no quita para que reflexionemos e intentemos mejorar y pidamos disculpas a los niños si nos hemos equivocado.
    Somos muy duros con ellos y les exigimos muchas veces más que a los adultos y sobre todo no somos consecuentes.
    Si le exiges calma al niño para devolverle el muñeco hay que dárselo de inmediato si se ha calmado
    Ayss las emociones nos traen de cabeza a los adultos y tenemos que reflexionar para trasmitir otro modelo a los pequeños

  7. Totalmente de acuerdo, pero estarás de acuerdo conmigo en que una buena forma de controlar y manejar nuestros nervios es reflexionar de estos temas en frío, cuando no estamos en plena crisis. Gracias por compartir tu punto de vista.

  8. Tienes toda la razón del mundo, me aplico el cuento. Pero es que hay veces que nos encontramos superadas, agotadas, y es difícil mantener la compostura cuando tienes que vestir a un niño para meterse en la piscina y otro está llorando con todas sus fuerzas. No somos perfectas. 😉

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