Normas y límites en la crianza respetuosa

normas y limites en la infanciaEn más ocasiones de las que me gustaría, me encuentro escuchando: “que no puede ser, que mi hija no puede hacer lo que le dé la gana, que es fundamental que tenga unas normas, que ya me arrepentiré, que esto me va a pasar factura…” Normalmente este tipo de comentarios vienen de las mismas personas que me dicen: “esta niña tiene que acostumbrarse a ir en la silla, que es eso de cargar con ella todo el día en la mochila, que ya es muy mayor para tomar teta, que tiene que acostumbrarse a dormir sola…”

Por este motivo, me gustaría hablar hoy de necesidades primarias y secundarias, así como de normas en la crianza respetuosa, porque resulta que en contra de lo que mucha gente pueda pensar, sí tenemos normas en nuestra familia, normas muy importantes que no pueden saltarse bajo ningún concepto y otras que para poder saltárnoslas debe ser por un motivo muy justificado. Quiero aclarar que para mí normas y límites son lo mismo y que todo lo que cuento para unas vale para los otros. No me gusta la palabra límite, me parece que tiene una connotación negativa casi siempre, así que no voy a utilizarla.

Necesidades primarias y necesidades secundarias

En términos de Yolanda González, defensora de la crianza respetuosa y con apego seguro, las necesidades primarias son necesidades afectivas, básicas e imprescindibles puesto que garantizan un desarrollo psicoafectivo saludable así como un desarrollo natural de la autonomía y la autoestima. Jamás deberíamos frustrar estas necesidades afectivas de los niños y las niñas.

Y luego están las necesidades secundarias que se relacionan con las culturales y tienen que ver con el consumismo de nuestra sociedad, la necesidad de ver la televisión o de comer dulces, jugar a videojuegos, comprar cosas aunque no sean necesarias, etc. Estas sí que podríamos tratar de disminuirlas en la medida de lo posible, sobre todo en los niños y niñas más pequeños, puesto que son necesidades creadas y no son básicas para la supervivencia ni para el desarrollo.

En nuestra sociedad, muchas veces priman estas necesidades culturales y consumistas mientras tratamos de reducir las que son básicas y necesarias. Esta idea queda clara en los argumentos que os mostraba al principio y que vosotras (personas que leéis el blog) tendréis que escuchar igualmente, una y otra vez, si seguís un modelo de crianza respetuosa o si seguís con la lactancia materna después de los seis meses o practicáis colecho.

Nuestras normas respetuosas

Yo nunca le niego un abrazo a mi hija, incluso cuando ha hecho algo que no me gusta, la abrazo y le digo que no puede ser o le quito algo que no puede utilizar (unas tijeras, un cuchillo, un documento importante…) y si se disgusta mucho, la abrazo mientras le explico por qué se lo he quitado. Si no quiere ir caminando y no quiere ir en el carro, la llevo en brazos y si estoy muy cansada, la llevo en la mochila, el peso es el mismo pero se reparte de diferente manera y es más llevadero, cada día pesa más y es más cansado, reconozco que tengo la espalda contracturada, ¿quién con un hijo o hija de dos años no la tiene así? Pero considero que esto es una etapa de nuestras vidas muy corta, llegará el momento en que no volveré a cogerla en brazos, no podré, ella no querrá que lo haga y me da mucha pena pensar en ello. Así que trato de aprovechar ahora que todavía es pequeñita de estos momentos especiales. Hay una canción muy bonita que habla de esto y que publicó Bei de Tigriteando, os animo a leerla.

Y cuando estoy agotada y ella irascible pues trato de mantener la calma, cuento hasta diez, me aguanto, porque ella no tiene la culpa de que yo esté cansada ni tiene por qué sufrirlo y porque si ella está así no tiene herramientas para controlarlo, insisto en que tiene dos años, si tuviera más sería diferente. Nunca descargo con ella historias cuyo origen están en otras personas a las que no les dije nada en su momento, mi hija no es la responsable y tampoco tiene por qué sufrirlo. Y si algún día elevo mi tono de voz o tengo menos paciencia y ella se disgusta o se pone triste, le digo que lo siento, sencillamente porque a mí me gusta que alguien me muestre afecto cuando se comporta de manera inadecuada conmigo. Me gustaría que aprendiera que cuando una se equivoca hay que pedir disculpas.

Para mucha gente comportarse así con los hijos es una estupidez, “hay que enseñarles lo que es la vida”, “hay que endurecerles desde pequeños”, son frases recurrentes que escucho una y otra vez, pero resulta que las personas adultas que me encuentro y fueron educadas así, casi por regla general, tienen dificultades para manejarse adecuadamente en sociedad, sufren muchísimo, son personas inseguras a las que les faltan estrategias para resolver los problemas que les van surgiendo, desde mi punto de vista, tanta dureza no parece ser muy eficaz.normas y límites en la infancia

Ahora bien, que en nuestra familia funcionemos de esta manera, no quiere decir que no haya normas, nada más lejos de la realidad. Fundamentalmente se resumen a estas tres que en sí mismas engloban muchas pequeñas normas. Vamos a ver en qué consisten, os pongo ejemplos, podéis añadir en todas ellas un etcétera al final.

1. Respetamos a otras personas

No empujamos, agredimos, arroyamos… a ninguna otra persona.  No molestamos a otras personas cuando vamos a una cafetería, restaurante, tienda… Respetamos el descanso de otras personas.

2. Respetamos a los animales, los materiales y los espacios

No tiramos las cosas salvo que sea necesario para jugar (fichas de construcciones, piezas de puzzle, pelota…), no rayamos el mobiliario de ninguna parte con nuestros juguetes ni con ningún otro objeto, tocamos todo lo que está a nuestro alcance pero con cuidado de no estropearlo, no pintamos en lugares no autorizados (paredes, suelos…), no rompemos intencionadamente los juguetes ni las pinturas ni los otros materiales que utilizamos para hacer manualidades.

3. Garantizamos nuestra seguridad y salud (nos respetamos)

Minimizamos el consumo de azúcar, no comemos gominolas ni chupachuses ni caramelos, no andamos descalzas por el suelo helado (casi nunca), cuando hay viento helado o hace mucho frío nos ponemos un gorro y una bufanda antes de salir a la calle, no cogemos cuchillos y tijeras con punta ni ningún otro objeto cortante o afilado, no jugamos al borde de un precipicio, tenemos cuidado cuando el suelo está resbaladizo, tratamos de no jugar al lado de objetos o espacios peligrosos, damos de comer a los patos con extremo cuidado de no caer al agua.

¿Con eso es suficiente?

Es posible que me esté dejando alguna cosa importante en el camino, nuestra vida no se rige en base a normas, basamos nuestra convivencia en torno a lo que necesitamos y nos viene bien hacer y no en torno a lo que no hay que hacer. Y por regla general nos autorregulamos bastante bien, nuestra vida es llevadera. Tratamos de evitar discusiones innecesarias y poco importantes como que Pequeñita se tenga que poner leotardos cuando quiere llevar pantalones o que las zapatillas nuevas tengan que ser azules cuando ella las quiere rosas, sencillamente porque da igual, es una cuestión de gusto y queremos que ella tenga el suyo propio. La idea es que poco a poco aprenda a tomar decisiones, nos parece una buena oportunidad estas pequeñas cosas del día a día sin ninguna importancia para ir pasando a otras más trascendentales poco a poco.

Queremos niños y niñas que tomen decisiones pero no les damos la oportunidad de hacerlo, queremos que sean proactivos, que tengan iniciativa pero desde que nacen les vamos cortando las alas con “esto es así porque lo digo yo”, cuánto daño nos hacía y ahora repetimos la historia. Y siempre nos queda el consuelo del “yo me crié así y no he salido tan mal”. Cuando alguien me dice esto siempre pienso, “¿te habrás visto?” y me incluyo, ¿eh? Eso vaya por delante. La mayoría tenemos muchas cosas que mejorar, muchas, y quién no que tire la primera piedra, estamos llenos de traumas y de historias que no nos dejan avanzar, yo no quiero generarle a mi hija los suyos, al menos no conscientemente, ya se los irá planteando la vida. Además, se nos llena la boca hablando de lo modernos y modernas que somos como padres y madres y luego repetimos los mismos clichés de hace treinta años, será que de modernos tenemos lo justo.normas y limites en la infancia

Y así a pesar de que se supone que tengo una niña “sin normas y que va a hacer de mí lo que le dé la gana”, la historia es que vivimos muy tranquilos los tres, la niña, su padre y yo, podemos ir con ella a cualquier parte, no recuerdo ninguna vez que Pequeñita haya agredido a ningún niño o niña; con veinticinco meses no tiene rabietas (sí, ya sé que vendrán todas de golpe en cualquier momento, miedo me dan, pero de momento no, algún amago hace un año…, nada más); se muestra feliz casi todo el tiempo; es una niña educada, extremadamente tímida fuera de la familia, pero educada, me refiero a que no falta al respeto ni tiene salidas de tono o hace cosas que puedan molestar a otras personas, así en términos generales, no recuerdo nada parecido.

Por todos estos motivos, si me lo permiten (y si no, también), vamos a seguir como hasta ahora, con nuestras tres normas básicas de convivencia, que nos funcionan divinamente y no, no voy a generar discusiones sobre cosas que no merecen la pena ni voy a descargar sobre ella cosas que no le corresponden ni voy a retirarle el afecto cuando haga algo que no me gusta, porque siento que si hiciera este tipo de cosas, ella estaría más tensa, mostraría su estrés y demandaría ese afecto no recibido con salidas de tono porque los niños y las niñas no suelen pedir un beso o un abrazo así directamente, normalmente cuando lo necesitan lo piden haciendo algo que las familias no consideran apropiado, es su forma de llamar la atención, son pequeños, les faltan estrategias y me temo que a muchas familias también, ¿será que los educaron con unas normas muy estrictas?

¿Querrás compartir con nosotras las normas que os funcionan a vosotras? ¿Consideráis que es necesario imponer una disciplina estricta a los niños y las niñas desde pequeños? ¿Te encuentras a tí misma repitiendo frases que te decían tu padre o tu madre? ¿Hablamos sobre normas en la infancia? Me encantaría. Espero tu comentario.

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11 thoughts on “Normas y límites en la crianza respetuosa

  1. ¡Cuántas cosas importantes! Que te equivocas, claro, como todas, nos equívocos muchísimo, es inevitable. Y lo que podemos hacer, creo yo, es lo que tú dices, cuestionarnos, compartir puntos de vista, escucharlos y observarlos a ellos y ellas. Estoy convencida de que esta es la experiencia de la vida más dura, la maternidad y la paternidad, porque se sufre más que con las cosas que nos suceden personalmente pero estoy convencida también de que es la más gratificante, no hay nada comparable, al menos en mi experiencia. Por supuesto tener un buen apoyo es fundamental, también somos afortunadas en esto. Y estoy contigo totalmente, amor incondicional a raudales que las cosas duras de la vida van a llegar igual y mejor que cuando lleguen uno se sienta amado y respetado para ser más valiente y más libre de tomar las mejores decisiones. Un abrazo fuerte Lucía. Me encanta leerte por aquí.

  2. Leyendo tu post, he reflexionado sobre cómo nos organizamos en nuestra casa en los límites y las normas. Me doy cuenta todos los días cuánto me equivoco en cómo gestionar las conductas de mi hijo mayor y del pequeño también. Tras pensar y meditar me doy cuenta que siempre es producto del cansancio, de la impotencia y falta de recursos para gestionar un acto determinado, una rabieta, un NO de mis chiquillos y de lo que “HE MAMADO”. Cuestionarme constantemente es agotador, pero me ayuda a reflexionar y a caer en la cuenta de que muchas de la cosas que hago obedecen a una forma en la que he sido criada y ahí cuento hasta cien no, hasta mil, para procurar no volver a repetir formas de crianza con las que no estoy de acuerdo.
    NUNCA ES EXCESIVO MIMAR A TUS HIJOS, NUNCA ES EXCESIVO DAR BESOS Y ABRAZOS, NUNCA ES EXCESIVO DECIR “TE QUIERO” Y “SIEMPRE TE QUERRÉ”…esto lo pongo en mayúsculas porque son las verdaderas normas que rigen mi hogar. Acompañar cada etapa de nuestros hijos y no permitir que se sientan sólos antes situaciones que no puedan gestionar. Así lo hemos decidido en nuestra familia. No sabemos el futuro cómo nos vendrá respecto de nuestros hijos, pero sabemos que si sembramos AMOR, RESPETO, DULZURA, JUEGO, ACOMPAÑAMIENTO, HUMILDAD dudo mucho que recojamos otra cosa que no sea lo mismo. Muchas veces descubro a mi hijo mayor que tan mal lo está pasando con la llegada de su hermanito cómo gestiona situaciones de tristeza o de estrés incluso de “odio” a su hermanito. Y veo que el problema no está en su conducta, está en la mía. Y eso es lo que trato de corregir, mi conducta, no la de mi hijo que no hace otra cosa que reclamar un espacio y un amor que el cree que se esfuma que se ha perdido.
    Mi chico muchas veces me corrige y me pone ejemplos con mucho sentido común y mucha sabiduría. Creo que el tándem funciona. Eso también es muy importante. En casa llevamos ritmos muy distintos. Mi experiencia me está diciendo que en el término medio está la virtud. De ahí que yo cumpla unas funciones respecto de los límites y normas y mi chico otras…y mezcladas ambas, creo que da cierta cordura y equilibrio familiar.
    Muchos besos Soraya y gracias por tu blog

  3. ¡Qué importante que la pareja (si la hay) reme en la misma dirección y qué difícil, a veces! Las crianzas personales, las que tuvimos, nos marcan mucho consciente e inconscientemente y cuando se suman dos diferentes, el debate está servido. Por supuesto, cada familia tiene sus reglas y en principio, todas son respetables aunque no todas sean respetuosas con los niños y las niñas. Hay ocasiones en que se ponen normas que satisfacen necesidades adultas, esto pasa mucho en las escuelas infantiles, muchas normas son necesarias para poder gestionar por una única persona un número tan elevado de niños y niñas a su cargo en el aula. Yo sé que no eres una mala madre, todo lo contrario, una madre estupenda, lo firmo donde haga falta, aunque claro que habrá personas que lo verán así. De mí algunas personas dicen de todo, me da igual, tengo esta pequeña gran comunidad para saber que no estamos solas, que no estamos locas, que lo que planteamos tiene sentido y está justificado y que no siempre hay que hacer lo que se plantea mayoritariamente en la sociedad en que vivimos. Yo no he sido mucho de seguir a las mayorías nunca, la verdad, era difícil que de repente como madre me dejara llevar. Lo que repites una y otra vez de que tus hijos sean felices me parece fundamental. Un abrazo fuerte.

  4. ¡Gracias a ti por leerme! Como ves, somos muchas las que nos sentimos como te has podido sentir tú, de eso se trata, de empoderarnos, de tratar de hacer las cosas de la mejor manera posible teniendo en cuenta las evidencias, los datos demostrados, no las inercias de una sociedad que satisface antes las necesidades adultas que las de los niños y las niñas. La mayoría de normas estrictas satisfacen necesidades de personas que pueden resolvérselas por sí solas. Cuando un niño con 11 meses protesta por todo, antes de tratar de controlar su conducta con disciplina habrá que ver qué está pasando. A lo mejor estaba en todo su derecho de protestar con todo lo que estaba viviendo, seguro que necesitaba tiempo para adaptarse a los nuevos cambios, es algo que cualquiera necesitaría en una situación así. En cuanto a los comentarios, ains, ¡qué hartura! Lo que nos queda es buscar personas que piensen de manera similar y apoyarnos unas a otras.

  5. Estoy de acuerdo contigo en que es importante que todos comamos juntos en la mesa y sin televisión ni móviles. Pero esto en nuestra casa no es una norma, respetamos que no se siente a comer con nosotros, aunque siempre termina haciéndolo más tarde o más temprano. Estamos en una fase complicada, los dos años, donde parece que llevar la contraria es algo que sirve para experimentar con sus propias reglas, saber dónde acaban ellos y ellas y dónde empezamos nosotros (padres y madres), saber dónde están los límites de su conducta, etc. No imponemos que se siente con nosotros igual que no le imponemos que coma, pero nosotros siempre lo hacemos (sentarnos juntos a comer y a cenar) y esperamos que ella imite nuestra conducta, al final siempre lo hace, muchas veces desde el primer momento, algunas después de un rato, no insistimos mucho de entrada. Para esto nos ha ayudado la trona evolutiva porque ella puede subirse cuando quiera. Hay determinados hábitos que se interiorizan por la costumbre, la rutina…
    En cuanto al cómo se plantean las normas, es verdad que es fundamental, tengo que escribir sobre esto, me han escrito varias madres comentándomelo. Es tan importante o más el cómo se plantean estas normas que las normas propiamente dichas.
    Y claro que el carácter influye y mucho. Cada familia debe buscar aquello que mejor le funcione, no hay fórmulas mágicas que nos sirvan a todas. Cada niño y cada niña son únicos.
    Gracias por compartir tus ideas con nosotras, es un placer recibirlas, Robi.

  6. hola, en mi opinion estas tres sencillas normas son las necesarias y suficientes para cualquier niño y ojalá la siguieran también los adultos. En mi caso añadiría otra, que es más bien una costumbre, que se coma todos juntos alrededor de una mesa y sin televisión ni moviles. Obviamente no es importante ni estricta como las demás, tengo mucha gana de que mi hija sea un poco más mayor para cenar una pizza viendo una peli juntas, pero es una de la pocas costubre social que me parece importante respetar.
    Otro aspecto que creo sea fundamental es la manera en la cual estas normas se transmiten y se hacen cumplir, para que se interiorizen como valores y no como reglas a la cual obedecer. Muchas veces he oido comentarios del tipo que “si se lo dices de esta forma (tranquilamente, sin levantar la voz ni endurecer el tono) no lo va a entender (o no se lo toma en serio, o no te va a hacer caso…)”
    Y por último también es verdad que el caracter de cada niño influye mucho en la paciencia y el tiempo necesario para que entienda, pruebe, respecte y interiorize estas normas. Las rabietas por ejemplo creo se deban más al caracter de cada niño que a al tipo de educación, aúnque la manera de gestionarlas lleva a situaciones muy diferentes.

  7. Muchas gracias por este post!! Justo estaba pensando en pedirte algo así… Hace unos tres meses mi peque tuvo una racha que protestaba por todo (con 11 meses) y en su guarde me dijeron que tenía que ser estricta con los límites. Yo no entendía como poner límites a un bebé que lo único que quiere es cariño y no entiende que mamá le deje con extraños cuando antes estaban todo el día juntos. Yo seguí igual, dándole siempre todo mi cariño y amor y siguiendo mas o menos lo que tu comentas en base a alguna cosas que he leído sobre crianza respetuosa (no muchas). Ahora tiene una etapa mucho mas tranquila y estamos todos mucho mas felices. Tengo que seguir escuchando las cosas que comentas casi cada día, porque aún toma teta, hacemos colecho y casi siembre va en brazos o en un portabebe cuando no quiere caminar. Hasta me han dicho que el sabe que soy la más débil de la manada… (Que pensé yo que igual es que es a mi a la que más necesita…) Me ha ayudado mucho el post. Gracias de nuevo!!!

  8. Intentamos ser respetuosos en el crecimiento y crianza de Irene aún cuando no siempre nos resulta fácil. Ella si que ha empezado con las rabietas, (pero de momento en ocasiones puntuales) y reconozco que a veces es complicado gestionarlo..
    Entiendo que la gente y personas que están alrededor nuestro opinan libremente, pero están cargadas de prejuicios y costumbres de una educación diferente y aunque intento que no me afecte, no siempre se consigue.
    Para nosotros lo importante es que ambos rememos en la misma dirección en las cosas que nos parecen básicas, pero siempre teniendo como prioridad el bienestar de Irene y su persona. Las normas y reglas que para alguien son imprescindibles no tienen porqué ser las nuestras..
    A mi me chiflan las chuches… Sí, ya se que no está bien… Pero no se las puedo negar a Irene que la vuelven loca (aunque con moderación) . ¿Soy por ello mala madre?. Habrá quien piense que sí. Pero me da igual. No va a la guardería porque pudiéndolo permitir, no me quiero perder nada de una etapa que jamás se volverá a repetir. Duerme con nosotros; no tiene teta porque ella quiso que así fuera, pero a cambio tengo que escuchar que cuando va a dejar el chupete… O que está enmadrada.
    En el fondo me da igual lo que me digan aunque a veces sienta rabia al escucharlo.
    Espero de mis hijos que lleguen a ser felices, y si en el camino me equivoco espero poder rectificar a tiempo.
    Un beso

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