Impaciencia y frustración en la infancia (2ª Jornada de Crianza Respetuosa de Rivas, I)

tolerancia a la frustraciónHace un mes, una mamá me planteó que escribiera sobre como gestionar la impaciencia para ver si le daba alguna idea para manejar la de su hija. ¡Qué difícil!, pensé. Ya hemos comentado varias veces que los niños y las niñas piden lo que necesitan en cada momento, no entienden nuestras normas sobre aplazamientos, sobre que hay cosas que realizar antes que otras, como trabajar antes que divertirse, por ejemplo. Te animo a que leas «Por qué un niño de dos años no puede manipularnos» si aún no lo hiciste, ahí lo explico con más detalle. Si nos parásemos a pensar en todas esas normas ni nosotras mismas lo entenderíamos. Son normas que aprendemos desde pequeñas, tenemos bien interiorizado aquello de «esto es así porque sí» o «porque lo digo yo». Tan interiorizado está que incluso siendo algo que nos molestaba muchísimo, a veces, aparece en el momento más inesperado hablándole a nuestras hijas e hijos o a nuestro alumnado. Como decía, los niños y las niñas más pequeños no entienden que haya que aplazar sus deseos, menos cuando les damos conceptos de tiempo que están muy lejos de comprender, «te lo daré dentro de dos horas», «lo haremos mañana», «vamos la semana que viene, ahora no».

La realidad es que la impaciencia es una característica propia de todos los niños y niñas y de muchas personas adultas. En los niños más pequeños nos encontramos que es muy habitual. Esto se relaciona con el desarrollo de la Teoría de la Mente  y con la mielinización de las neuronas que tiene un gran desarrollo hasta los cuatro años y permite procesos más complejos de pensamiento una vez alcanzada esta edad. Decimos que antes de los cuatro años no tiene sentido dar largas explicaciones sobre lo que han hecho o lo que se espera de ellos y ellas porque no tienen capacidad de aguantar un mensaje demasiado largo y tampoco de comprenderlo en muchos casos, mejor ofrecerles pocas ideas sencillas, breves y muy claras.

La semana pasada asistí a la Segunda Jornada de Crianza Respetuosa de Rivas y allí se trató de alguna manera el tema de la impaciencia que le preocupaba a mi comadre. Voy a intentar transmitir lo que explicaba la psicóloga Yolanda González sobre la Teoría de la Frustración, creo que esto contribuirá a arrojar luz sobre qué pasa con este tema en relación con nuestros hijos e hijas y qué podemos hacer.

Yolanda explicaba de manera muy sencilla que para el psiconálisis los niños y las niñas eran polimórficamente perversos, en sus palabras esto significaba que eran egoístas (que no egocéntricos), perversos, llenos de frustraciones pendientes de control, etc. Se concibe que nacen así. Este planteamiento del psicoanálisis está bastante arraigado en la cultura popular y mucho me temo que también en muchos entornos profesionales, como el de la pediatría, cercano a este término por sus colegas los psiquiatras.

Este tipo de concepción encaja con ese planteamiento de que los niños y las niñas nos manipulan a su antojo y son caprichosos teniéndoles que reprimir desde que nacen para que sean hombres y mujeres de provecho. Si se quiere ver lo estúpido del argumento no hay más que observar un poco nuestra sociedad y ver lo bien que lo estamos haciendo, no sé si vosotras veis el mundo lleno de personas controladas, solidarias (o no egoístas) y con una tendencia natural hacia la bondad fruto de ese planteamiento que consiste en enseñarles desde pequeños quien manda o quien pone las normas en cada sitio. Léase la ironía. Desde mi punto de vista no lo estamos haciendo muy bien, la verdad. A lo contrario de todo lo anterior, es decir, personas egocéntricas también en la edad adulta, insolidarias, con una tendencia al odio o al rencor, etc., que me encuentro más veces de las que me gustaría, sumaría personas con muchas carencias emocionales, faltos de habilidades sociales, con inseguridades derivadas de estilos de apego inseguros y mucho más. Eso demuestra que a nivel emocional hay aspectos que podríamos mejorar.

Yolanda decía algo que me gustó mucho, «nadie estiraría a un niño para que creciera, pero sí les estiramos emocionalmente». Se refería a que no le exigimos a un niño de seis meses que camine (siempre hay algún desaprensivo o desaprensiva que sí, pero son los menos) pero le exigimos que aprenda a controlar su estrés solito en un carro o en una cuna lejos de su familia cuando ni de lejos tiene capacidad un bebé tan pequeño de conseguir esto.

Ella explicaba que la Teoría de la Frustración entendida desde el psicoanálisis presupone que hay que frustrar para avanzar, de esto ya os hablé hace un tiempo, podeís leerlo pinchando el enlace: «Desmontando argumentos del tipo: Ignórala si no te hace caso». Esto encaja con la idea de que hay que dejar que el niño o la niña se enfrente con sus frustraciones para que aprenda a convivir con ellas y con el tiempo no le generen estrés. Yolanda, desde un planteamiento más respetuoso, considera que la frustración se supera cuando la evitamos, cuando le permitimos al niño o la niña vivir sin ella. La vida trae muchas frustraciones de serie y parece razonable no crear más para no sobrecargar de estrés a los niños. Al menos hasta que estos alcancen la madurez que les permita gestionar ese estrés.

Se trata, por tanto, de generar un entorno seguro en los primeros años de la vida, donde haya personas adultas disponibles e incondicionales (puedes leer más aquí: Dos años de amor una vida independiente) que favorezcan que estos niños y niñas también se sientan seguros y desarrollen una personalidad sana con una autoestima alta basada en el afecto que les permitirá, una vez establecida una base, poder enfrentarse a las frustraciones aprendiendo de ellas y superando etapas. En palabras de Yolanda, «se aprende a soportar la frustración cuando uno es suficientemente fuerte y tiene suficiente amor» (lo que suele traducirse en autoestima positiva). Para ella, enfrentar a niños y niñas a frustraciones puede retrasar este desarrollo y hacer incluso que queden anclados en etapas anteriores a las que les corresponden por desarrollo. De esto último tenemos múltiples ejemplos a nuestro alrededor, personas que se frustran, que no toleran un no o que algo no les salga como esperaban, enfadándose o entristeciéndose de manera excesiva una y otra vez.

Una vez explicado todo esto, me atrevería a decirle a la mamá que me proponía trabajar este tema sabiendo que ella ya está haciendo todas estas cosas, que trate de lograr que su hija se sienta segura, sepa en todo momento que no está sola, se sienta querida y respetada sintiendo que haga lo que haga siempre habrá alguien ahí para ayudarle a levantarse si se cae (en el sentido metafórico de la expresión) y alguien que la acompañará en el proceso. Durante los dos primeros años de manera intensa y a partir de ahí, dándole la oportunidad de enfrentarse a las frustraciones que sean inevitables, siempre las hay, con el apoyo de una persona adulta que pueda comprender su malestar y le muestre afecto en todo momento. De esta manera estaremos generando un estilo de apego seguro que se relaciona con una personalidad más sólida, más segura, una autoestima más alta y un autoconcepto positivo que le permitirá, con el tiempo, enfrentarse a las frustraciones comprendiendo que no siempre se gana pero que no le falta lo más importante. Estoy segura de que este enfoque favorece una adaptación más sana al medio y el desarrollo de una personalidad más independiente y más fuerte para enfrentarse a todo lo que venga.

Como ya he dicho en otras ocasiones, minimizad los problemas, no generéis batallas de cosas que no son importantes como que se ponga la camiseta azul o la rosa, ¿qué más da? Entiendo que peleemos porque se vistan para salir a la calle o por meterlos en el coche cuando necesitamos ir a algún sitio. Pero valorad si realmente no podemos hacer lo que nos piden en algunas ocasiones y evitar el conflicto, hay muchos que no podremos evitar que servirán para que ellos experimenten poco a poco la frustración. Además les estaremos dando otra valiosa lección para la vida, darle importancia a las cosas que realmente la tienen y no a todo, es agotador vivir así y más si eres un niño o una niña tan pequeño.

De manera práctica os pongo un ejemplo, si tenemos que irnos del parque y no quieren, seguro que os suena familiar. Lo primero que podríamos hacer es ir avisando previamente de que nos vamos a ir en poco tiempo para que se vayan preparando. Cuando ya nos tengamos que ir si es muy problemático para ellos y ellas irse del parque en ese momento, no veo problema en generar interés con otra cosa como puede ser que hay algo fantástico esperándonos en casa (siempre que sea verdad: un libro que le gusta, una cena preferida…) o cantar una canción que le guste de camino a casa… Si no hay nada que le consuele porque para él o ella estar en el parque es importantísimo pero no queda más remedio que irnos, mostrarle afecto mientras nos estamos yendo y transmitirle nuestra comprensión y la idea de que sentimos que las cosas no son como él o ella desea pero que esta vez no hay más remedio: «cariño, entiendo que estabas pasándolo muy bien, que no quieres ir a casa, lo siento pero es muy tarde y tenemos que cenar, mañana volveremos otra vez», mientras le abrazamos. También es recomendable que no reprimamos el llanto es una forma de expresión fundamental, si le da pena irse es normal que llore, no hay problema, pero es muy diferente hacerlo atado al carro por la fuerza y con una bronca o un tono de enfado de la persona que lo acompaña a hacerlo con un abrazo y palabras de comprensión.

Cuando una persona adulta está triste por algo, también tratamos de desviar su atención hacia algo agradable, no pensamos: «que llore y se recree en su tristeza, que se enfrente a lo que le pasa porque así trabaja su tolerancia a la frustración, si está triste porque le ha dejado su pareja que piense todo el tiempo en ello que así asumirá antes la realidad y lo superará». Entonces, ¿por qué lo hacemos con un niño? Menos capacidad para gestionar estas emociones tienen las y los pequeños. Y cuando no nos queda más remedio que pedirle a una persona adulta que haga algo que no quiera hacer usamos fórmulas de este tipo: «lo siento pero no puedo dejar que te quedes aquí sola, tienes que venir conmigo», por ejemplo. Se trata de usar fórmulas similares, los niños tienen menos capacidad para enfrentarse a las situaciones y somos más exigentes con ellos y ellas que con las personas adultas, ¿tiene esto sentido?

¿Cómo te enfrentas a la frustración de tus pequeños o pequeñas? ¿Crees que esta información te puede ayudar? ¿Nos das algún consejo que te funciona para manejar situaciones frustrantes con niños y niñas? Cualquier aportación será bien recibida, ¿me dejarás un comentario?

Si te ha interesado este post, también puede interesarte: Por qué un niño de dos años no puede manipularnosDesmontando argumentos del tipo: «ignórala si no te hace caso»Dos años de amor, una vida independiente¿Qué es el apego?

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4 comentarios en “Impaciencia y frustración en la infancia (2ª Jornada de Crianza Respetuosa de Rivas, I)

  1. Rocío, ¡qué alegría que lo que escribo pueda servirte en tu trabajo! Hay más post en esa línea que pueden ayudarte a ofrecer un modelo más respetuoso, si te interesa algún tema en concreto no dudes en escribirme y te los enlazo o hablamos: lamamadepequenita@gmail.com. Gracias por intentar cambiar las cosas. Un abrazo fuerte.

  2. Me encanta!me ha ayudado muchoooo. Soy profesional en infantil y primaria y,realmente,estoy buscando y leyendo bastante sobre otras alternativas en infantil pq no me siento cómoda con lo que «solemos»hacer ante una rabieta o comportamiento negativo en un pequeño. Mis niñ@s agradecerán tu aportación y yo,personalmente tb. Muuchas gracias. Te sigo leyendo >:)

  3. ¡Cuánto me alegro Laura! Yo soy profe en el Ciclo Formativo, no sé si conoces el blog pero por si acaso te diré que hay algunos otros post que pueden interesarte, si no quieres dedicarle mucho tiempo, escríbeme y te digo algunos. Yo los utilizo en clase, charlamos, vemos otras alternativas… Un abrazo y gracias por leerme.

  4. Simplemente genial, soy estudiante de infantil y me ha servido de mucho esta información, tanto a nivel personal como profesional, mil gracias.

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