El sistema funciona perfectamente

Hace años que vivo esta situación en mis clases. Le hablo a las alumnas del Ciclo de Grado Superior de Educación Infantil de las y los grandes pedagogos, maestras, educadores, psicólogos, neurocientíficas y pediatras que forman parte de la historia y que se estudian o deberían estudiarse en todas las facultades de Educación: Comenio, Fröebel, Montessori, Piaget, Pickler, Bandura y un largo etcétera de grandes personalidades fundamentales para comprender cómo funciona la mente de niños y niñas, su aprendizaje y su desarrollo. Siempre hay un momento o varios en cada curso escolar en que alguien me pregunta: «¿y si está tan claro que las cosas funcionan así, por qué no se hace de otra manera en las escuelas y los colegios?» 

Es difícil responder a esta pregunta. En las leyes de educación, se ha hablado tradicionalmente del Constructivismo como paradigma para fundamentar las metodologías educativas en todas las etapas del Sistema Educativo. Esto implicaba dar por supuesto que los aprendizajes se construyen y que de poco sirve pretender que el alumnado sea mero espectador de los conocimientos que las y los docentes tratan de transmitir, a veces, en forma de clase expositiva, sin dar la opción a pensar, evitando cualquier opción de réplica por parte de este espectador o espectadora. De esto ya os hablé en otra ocasión en La crianza respetuosa ya estaba aquí en el S. XVII.

Y después de mucho pensar no puedo evitar llegar a la conclusión de que el sistema no es tan desastroso como parece. Al final, es fácil observar que todo está orquestado. No puede ser que tanta gente se equivoque, que tantos dirigentes y profesionales trabajen sobrepasando las capacidades de niños y niñas en todas las etapas de la educación por error. Yo ya no me atrevo a decir, si antes era mejor o peor, si es que los alumnos y alumnas han cambiado o si son los tiempos los que lo han hecho. Lo que tengo claro es que lo que se hace funciona pocas veces y desde luego, no cumple con los objetivos de favorecer la igualdad de oportunidades y ofrecer una educación básica y necesaria a toda la ciudadanía. Los aprendizajes son desiguales. Esto también lo acreditan los datos de fracaso escolar en España, podéis ver algunos titulares aquíaquí o aquí. No me he vuelto loca a buscar, pero hay cientos de publicaciones y de todos los colores. Unas lo venden como algo positivo y otras como algo negativo, pero el dato viene a ser un 17,9% de media en los últimos años y es de los más altos de Europa. Países como Bélgica, República Checa, Dinamarca, Estonia, Grecia, Italia, Chipre, Letonia, Lituania, Malta, Países Bajos, Austria, Polonia, Eslovenia, Finlandia y Suecia presentan menos casos que España y han cumplido los objetivos que se plantearon para 2020, España va un poco más despacio.

De hecho, creo que el sistema que tenemos genera muchas desigualdades y esto que planteo es una evidencia, cualquiera que sepa un poco del tema, tiene conciencia de ello. Es prácticamente imposible para muchos niños y niñas seguir los desarrollos de las clases y aprender sin dedicar horas de estudio y trabajo fuera del horario escolar, y al margen del debate sobre si esto tiene sentido, esto genera desigualdades. Si parte del trabajo se hace fuera del colegio, el apoyo que reciben niños y niñas en unas familias u otras es muy desigual. Hay familias que no solo acompañan en estos aprendizajes sino que elaboran materiales, buscan actividades divertidas para complementar y se los llevan a visitar lugares donde comprender de manera vivencial aquello que están viendo en clase. Hay familias que pagan por un servicio de refuerzo escolar que completa aquellos aprendizajes que no tienen lugar en el aula. Y también hay familias que se encuentran con que no tienen capacidad para apoyar a sus hijos e hijas porque no poseen los conocimientos que se demandan a las y los más pequeños o porque no poseen los recursos económicos para invertir en todas esas actividades alternativas tan interesantes.

Si además, se dan problemas de hacinamiento en casa, de malnutrición o desnutrición, si no se habla el idioma del lugar en el que se reside y un largo etcétera de situaciones similares que se repiten en muchos hogares, todo esto se complica. Pensad en la cantidad de familias que se han tenido que ir a vivir con las y los abuelos para ahorrarse un alquiler en estos últimos años, familias incluso que viven con la pensión del abuelo o de la abuela. Esas familias son en muchos casos de origen español, es decir todos sus miembros o la mayoría, son españoles de esos que forman las clases bajas y me atrevo a decir que parte de las medias, así están las cosas. Esto lo digo para no atenuar las cifras, si pensamos que estas condiciones solo se dan en determinadas minorías, o nos centramos solo en algunos ejemplos que he puesto antes. Pienso que no es un problema que afecte a unas pocas personas.

Y entonces una se para a pensar en que dependiendo del punto de vista, el sistema funciona perfectamente. Este sistema nuestro es incapaz de incluir en el mercado laboral a toda esa gran cantidad de licenciados y licenciadas, de técnicas y técnicos superiores que cada curso terminan sus estudios en institutos y facultades universitarias. Algunos de ellos y ellas, personas muy brillantes que se ven obligadas a salir del país para buscar un futuro acorde con su preparación, la llamada fuga de cerebros. Por otro lado, es necesaria mano de obra no cualificada, se necesitan personas que asuman trabajos ingratos de esos que casi nadie quiere. Visto así, generar un sistema en el que solo algunas personas elegidas puedan terminar sus itinerarios formativos y solo unas pocas puedan elegir el camino que consideran más adecuado mientras el resto se vaya quedando en la cuneta, no es tan descabellado como puede parecer a priori.

Os voy a poner otro ejemplo de los cientos que podríamos comentar. En los centros educativos apenas se imparten contenidos de Educación Afectivo-sexual, a menos que lo asuma el maestro o la profesora que se encarga de impartir temas de biología, anatomía, sistemas y aparatos varios del cuerpo humano o nos encontremos en un centro educativo en el que todas las familias tengan valores comunes, tema este bastante complicado. Durante años impartí talleres de Educación Afectivo-sexual en colegios e institutos hace más de quince años. A las y los más pequeños, les hablábamos de cambios en la pubertad, cómo iban a evolucionar sus cuerpos, que entendieran los cambios por los que iban a pasar… Y a las y los más mayores, les hablábamos de roles, de como la sexualidad era muchísimo más que sexo, sobre orientaciones del deseo, así se llamaba entonces y otra serie de aspectos. Es verdad, que si yo volviera a impartir aquellas clases, no lo haría de la misma forma, todo evoluciona, vamos aprendiendo con el tiempo o los tiempos cambian y el mensaje se transmite de otra manera, no lo sé. En aquel momento, el centro educativo decidía impartir los talleres, se ponía en contacto con las entidades que nos dedicábamos a esto y se ponían en marcha diferentes talleres en el centro en cuestión. Esto que os describo, era un programa subvencionado por la Administración, con controles rigurosos del trabajo que se llevaba realizando muchos años con buenos resultados.

Ahora hay que pedir permiso a las familias para realizar cualquier actividad de este tipo, no estoy en contra de esto, las familias tenemos derecho a saber que se va a impartir en las aulas de nuestros hijos e hijas. Pero suele ocurrir que si una sola familia dice que no, por prudencia, respeto y por no hacer distinciones entre niños y niñas, esto también puede parecer tener sentido a primera vista, ninguno de los niños y niñas o de los jóvenes de los centros reciben esta formación. Esto supone que, en ocasiones, una minoría está decidiendo lo que hace la mayoría. Y esto, cuanto menos, suena injusto, ¿no? Pienso que debe haber caminos intermedios que favorezcan lo que desea cada familia buscando acuerdos y equilibrios. Seguro que a las niñas y niños cuyas familias no desean que participen en determinadas actividades, se les puede ofrecer una alternativa interesante mientras la otra parte realiza otra actividad. Esto se hace en desdobles, en materias optativas, no es nada nuevo.

Esta realidad en los centros educativos convive con la idea de que hay que aumentar la natalidad, idea con la que también estoy de acuerdo, pero claro, ¿en qué condiciones? ¿Quién debe aumentar la natalidad? ¿Familias que desean tener su primer hijo o hija, o para quienes buscan el hermanito o la hermanita pero no pueden hacerlo porque su situación es complicada, porque tienen mucha inseguridad y quieren asegurar un futuro a los hijos o hijas que ya tienen y necesitan apoyos para poder hacerlo? ¿Adolescentes que se exponen continuamente a riesgos porque nadie les ha explicado nada sobre esto? Porque no es un tema muy recurrente en las familias y resulta que ahora tampoco en los centros educativos. ¿Dónde se supone que encontrarán la información para gestionar de la manera más adecuada sus necesidades sexuales? Pero si la idea es aumentar la natalidad, a lo mejor no está tan mal pensado. El año pasado, 2018, dieron a luz en España, 7000 adolescentes. Seguramente con una adecuada educación afectivo-sexual, no habrían sido tantos. Seguiría habiendo madres y padres adolescentes, claro, pero serían menos.

Otro de los temas que podríamos comentar, sería el precio de muchos productos de uso básico que colapsan muchas economías o al menos, las resienten un poco. Esto también genera desigualdad, entre los que tienen mucho y pueden asumir realizar estos gastos y las familias que tienen que priorizar y dejar de invertir dinero en aspectos menos básicos pero muy importantes.

El caso es que es difícil generar igualdad de oportunidades, sin haber generado antes las oportunidades. Porque cuando estas son escasas, no hay para todas las personas y entonces la igualdad es imposible. Y esto que es tan obvio, viene a justificar el título tan feo que he utilicé para el post que te ha traído hasta aquí: Consejos para familias pobres. Si hay pocas oportunidades, hay más familias pobres. Y aunque hubiera pocas, si eres una de ellas, tus hijos e hijas se merecen lo mejor que se les pueda ofrecer y ya sería motivo más que suficiente para buscar estrategias que funcionen. Cuando digo pobres, me refiero a familias normales, que trabajan duro para tener un sueldo digno, muchas veces totalmente indigno, que tienen que destinar una parte muy importante a su vivienda y que por ello junto con otros gastos, se pasan la vida haciendo cuentas y hablando de dinero. Vamos, la mayoría de familias de a pie. Con momentos mejores y otros peores, ya sabéis de qué os hablo.

Tampoco le interesa al sistema una competición por talentos, donde cualquier persona pueda optar a un puesto de cierto poder o un puesto técnico de los más elitistas o pueda disfrutar de experiencias personales reservadas a unas pocas personas. Lógicamente, las personas que poseen el poder o los privilegios, en cualquier ámbito, luchan por mantenerlos con las estrategias que posean. Es difícil invertir esto. Quien decide, no va a proponer una medida así.

Si has tenido la suerte de caer en una familia que se encuentra en ese grupo de familias privilegiadas, por el motivo que sea, vas a tener a priori (nada es perfecto) muchas más oportunidades en la vida y además, te vas a mover en unos circuitos que son paralelos a los de otras personas que viven, por ejemplo, bajo el umbral de la pobreza. Es muy probable que ni detectes que existen esas familias.

Las posibilidades de éxito se ofrecen en las capas más altas y no llegan a las más bajas. La única posibilidad de acceder a ese éxito es conseguir escalar un peldaño y formar parte de las familias privilegiadas, esto comprenderéis está reservado a unas pocas personas. Y visto, así, el sistema no parece estar funcionando tan mal. Si no fuera porque el sistema es tremendamente injusto y porque esta situación coloca a una gran mayoría, a expensas de lo que no pueda cubrir por sí misma la minoría.  Así que pocas personas accederán a esos puestos elitistas y serán las y los que tengan los mejores talentos. No hablo solo de trabajo, hablo de posición social.

Trato de inculcar en mi alumnado, esa idea de que tienen que ser muy buenos y buenas en su trabajo, me gusta que se cuestionen a sí mismos, que escuchen otros puntos de vista, todos los posibles y después se posicionen a nivel personal donde se sientan más cómodas. Y esto no siempre es fácil, muchos de ellos y ellas presentan dificultades, situaciones muy adversas de las que tratan de salir con toda la dignidad que les es posible. Personas muy brillantes pero que quizá no lleguen a esos lugares de los que hablábamos antes, porque tendrán que buscar trabajo de lo que sea para ayudar económicamente en casa, porque tienen que hacerse cargo de sus hermanos y abuelas mientras sus padres y madres trabajan y un largo etcétera de situaciones que no facilitan dedicarse a su preparación más que a ratos.

También en la educación privada hay dificultades, muchas familias hacen un esfuerzo enorme, incluso por encima de sus posibilidades para llevar a sus hijos e hijas al colegio que consideran garantía de éxito para el futuro. En teoría, cuando se plantea la versión amable de los uniformes, se plantea aquello de que así todos los niños y niñas son iguales, no hay distinciones se nos olvida que hay quien estrena todos los años y quien lo lleva de quinta mano o con rodilleras desde el inicio de curso. Y esto lo digo a sabiendas de que hay familias con recursos económicos más que suficientes que por una cuestión de ahorro también reutilizan y reciclan todo lo posible.

Y a partir de esta reflexión, que para mí no está más que llena de obviedades que todas conocemos pero que no está de más recordar de vez en cuando, surge mi propuesta de consejos para lograr que nuestros hijos e hijas sean felices y logran alcanzar, si no todos, gran parte de sus sueños.

 

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