Lo que recordamos de nuestra época de bebés

desarrollo emocionalHace unos días en clase, estábamos comentando como las necesidades no cubiertas de los bebés generan rabia y como esta rabia se puede quedar guardada de manera inconsciente apareciendo después en momentos de la vida adulta en que la persona, por el motivo que sea, asocia con aquellas situaciones de carencia de los primeros momentos de la vida donde se sintió esa rabia. Si quieres leer más sobre esto, puedes hacerlo en este post: ¿Dónde se guardan las necesidades no satisfechas de la infancia?

Una alumna me comentaba entonces que le resultaba muy complicado entender que se guardara esa información y más aún le costaba encontrar los medios para comprobarlo. Pensando en su experiencia personal decía que ella no era capaz de recordar nada de aquella época (al menos conscientemente) y le resultaba muy complicado comprender cómo se podía llegar a conclusiones de este tipo.

Una pregunta estupenda, ya he dicho alguna vez antes que todo esto así de primeras puede parecer ciencia ficción, a mí misma en otro momento de la vida me lo habría parecido. Así que comprendí perfectamente la preocupación de mi alumna que, por un lado, parecía querer compartir mi punto de vista pero, por otro lado, le resultaba complicadísimo asimilarlo.

Inmediatamente se me vino a la cabeza la historia que me había contado otra alumna, esta de segundo curso, la siguiente anécdota servía para ejemplificar como aunque no recordáramos conscientemente muchos episodios e informaciones de la infancia, de alguna manera se podía constatar que la información quedaba acumulada ahí, en algún lugar y salía después de los años en situaciones similares.

Las alumnas de segundo curso del Ciclo de Técnico Superior en Educación Infantil, mientras hacen sus prácticas en las Escuelas Infantiles (llamadas habitualmente guarderías por las familias aunque no sea exactamente lo mismo), vienen al instituto periódicamente a tutorías para ir evaluando cómo está siendo su experiencia para que sea aprovechada al máximo y también para tutorizar el Módulo de Proyecto, una especie de trabajo fin de Ciclo que tienen que realizar en el último trimestre del curso.

En uno de esos días, charlaba con un grupo de alumnas sobre cómo estaban siendo sus prácticas, me comentaban anécdotas de la Escuela, situaciones complicadas, cómo se resolvían, los estilos de cada educadora, etc. Mientras hablábamos de una de las educadoras que no parecía estar teniendo una conducta ejemplar con los pequeños y las pequeñas, yo les decía que en estas situaciones salen todas las cosas que vivimos de pequeñas aunque no nos demos cuenta y que probablemente esa mujer estaba haciendo lo que consideraba correcto porque era lo que habían hecho con ella, es muy difícil romper con esta cadena y no reproducir los patrones que vivimos y se grabaron a fuego en nuestra infancia.

Así fue como una de las alumnas me contó que había vivido esto que yo decía en primera persona. Al parecer, en situaciones complicadas le salía decirle a los niños: “ni se te ocurra…”, lo había dicho más de una vez y era consciente porque no le gustaba mucho usar ese tono ni esa frase, pero el caso es que se descubría a sí misma diciendo esto en momentos de tensión. Hacía pocos días, después de estos capítulos personales en la Escuela, había escuchado en su casa, como su madre le decía a su hermano pequeño: “ni se te ocurra…”. De ahí venía la dichosa frase, seguramente su madre también se lo decía a ella cuando era pequeña y no tan pequeña.

Si le hubieran preguntado a esta alumna qué frases le decían para reñirla cuando era una niña, no habría sido capaz de recordar ninguna, ¿quién puede recordar eso? Yo creo que muchas de las cosas que recordamos de aquella época, así sin ningún tipo de ayuda, es porque nos las han contado antes y recreamos la historia a partir de relatos familiares, fotos… Y otra forma de llegar a la respuesta de esa pregunta es que vivamos una situación similar a la que contaba esta alumna.

Nuestra propia memoria de la infancia

desarrollo emocionalAhora me gustaría que tratéis de recordar algún momento en que hablándoles a vuestros hijos e hijas hayáis parado de pronto y hayáis pensado: “¿por qué le estoy diciendo esto? Esto me lo decían a mí y me molestaba muchísimo”. ¿Os ha pasado alguna vez? Me atrevo a afirmar que a la mayoría, si no os ha pasado ya, os pasará en algún momento. Frases que nos decía nuestra madre, nuestro padre, las abuelas, el maestro… A veces nos damos cuenta de que estamos reproduciendo los mismos patrones, esta es la parte más positiva porque así tenemos la capacidad de decidir si queremos seguir usándolo o no porque nos recuerda lo mal que nos sentaba a nosotras y no queremos que nuestra hija e hijo pasen por lo mismo. Pero hay muchas veces en que conductas o frases aparecen y ni siquiera somos conscientes.

¡Claro que grabamos informaciones de la infancia! Cuando escucho a alguien decir de niños o niñas de dos años o menos, “ahora todavía no se entera”, “menos mal que aún no se entera de nada”, me enervo. ¿De verdad alguien puede pensar que el desarrollo de un bebé criado desde el amor, con una familia estable emocionalmente, reposada, consciente de sus limitaciones y entregada va a ser igual al de otro criado desde el rencor, con gritos, con una familia desequilibrada a nivel emocional, con violencia? Yo no tengo ninguna duda de que no es lo mismo, por supuesto influyen numerosos factores, puede ser que la personalidad de un bebé supere con creces una situación familiar horrible y otro más sensible tenga carencias en una familia ideal, pero serán excepciones, en términos generales, ahí quedará una huella, una inercia, una forma de enfrentarse al mundo, de valorarse a sí mismo. Desde mi punto de vista, conductas como el cambio de pañal o la alimentación de nuestros bebés son fundamentales para el desarrollo físico, psíquico y social, de esto hablábamos aquí.

Volviendo a la pregunta de mi alumna de primero, ¿cómo podemos saber qué nuestra conducta actual se relaciona con las vivencias de la infancia? ¿Cómo podemos estar seguras de que recordamos capítulos de aquellos primeros momentos de nuestra vida? Creo que se puede concluir que es posible y además normal, por muchos motivos. Primero porque reproducimos frases como en el caso que os contaba que demuestran que la información está ahí guardada. Porque en la terapia salen nuestros miedos, nuestras inseguridades y en definitiva, nuestros traumas y cuando se pide a las personas usuarias que investiguen en sus familias, se detectan situaciones que justifican estos traumas. Un miedo al agua provocado porque una madre estuvo a punto de ahogarse, una fobia a los insectos no justificada pero que también tiene el padre porque vivió un capítulo complicado con unas abejas, son ejemplos de este tipo de herencias que dejamos a nuestra prole. Se relacionan la depresión y la ansiedad además de otros trastornos, con estilos de apego inseguros en la infancia, esto quiere decir que cuando se analiza la infancia de estas personas en la terapia, se detectan ausencias de las principales figuras de apego por motivos diversos: laborales, divorcios, de salud… Incluso hay estudios que relacionan el desarrollo de Síndromes del Espectro Autista con algún tipo de ruptura del vínculo del bebé y su madre: partos prematuros, separaciones prolongadas por enfermedad de alguno de los dos, etc.

desarrollo emocionalAsí que en mi caso, yo no quiero arriesgarme, soy consciente de que influyen muchos factores, de que no hay reglas directas que garanticen que un niño sometido a una determinada situación va a ser de una determinada manera o va a desarrollar una serie de traumas, es mucho más complicado que todo esto. Pero en mi caso, como madre, lo tengo claro, todo lo que yo pueda evitar y esté en mi mano controlar, lo tendré en cuenta. Siendo consciente de que a las familias se nos escapan miles de cosas y de que nuestros hijos e hijas tienen que volar más tarde o más temprano, no nos pertenecen, yo intento en la medida de lo posible (aún queda mucho por mejorar) no inculcarle mis miedos, mis debilidades, mis traumas, ¿quién no tiene de todo esto? Me encantaría que de desarrollarlos fueran los suyos propios, los que se deriven de su experiencia, no de la mía que nada tiene que ver con su vivencia personal.

Por último, si no leiste el post: ¿Dónde se guardan las necesidades no satisfechas de la infancia? Te animo a que lo hagas y realices el ejercicio de localizar qué situaciones te generan una rabia desmedida tratando de encontrarle una explicación, si se te ocurre alguna mejor que las carencias de la infancia, por favor, compártelo. Si no encuentras una mejor, tenlo en cuenta para tratar de evitar que tus hijos e hijas sientan en el futuro situaciones similares.

¿Te has encontrado en alguna ocasión diciendo frases que te decían a tí de pequeña o de pequeño? ¿Hay situaciones que te generan rabia y no sabes por qué motivo ocurre esto? ¿Consideras que las situaciones que vivimos en la infancia pueden marcar nuestro carácter en el futuro o nuestra manera de enfrentarnos a la vida? ¿Te parece que todo esto es una exageración y que no hay que darle tanta importancia? Esperamos tus opiniones, comentarios, sugerencias… seguro que son de gran ayuda para seguir aprendiendo unas de otras.

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